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Análisisjueves, 25 de abril de 2024

Del libro

Efemérides tenemos a granel, hay siempre motivos para celebrar las letras y sus principales representantes. Al comenzar la primavera, el renacimiento del sol y los nuevos heraldos bajo el signo del advenimiento de otras eras es también un argumento para escribir y leer.

Siempre será oportuno evocar poetas porque, sencillamente, la lista es interminable desde los poemas épicos de Homero o los místicos de Akenatón, hasta llegar a Jaime Sabines, Mario Benedetti y Nicolás Guillen, por citar algunos.

La poesía está presente en cada cosa que se ama y que por tanto se vive; desde los versos dolientes y petrificados del Almafuerte, o en el juego de palabras y envestido de modismos nuevos con Ramón López Velarde, en su momento.

Conozco aquí mismo en Morelia a mucha gente que presume orgullosamente sus composiciones literarias, es evidente que lo gocen, por consiguiente se realizan. Gustavo Adolfo Bécquer alguna vez profetizó: tal vez no siempre haya poetas pero siempre habrá poesía.

México posee un gran acervo poético que deja testimonio de inspiración, vivencias y truenos.

Jaime Sabines escribió que los amorosos están locos, sin duda es menester estarlo porque la cordura no dicta las emociones al vuelo ni las explaya por el torrente sanguíneo.

Por consiguiente tenemos poesía, en este mundo caótico impregnado de miles de contradicciones y facetas oscuras también puede ser motivo de colores y formas corpóreas del sentimiento.

Presidente de la Crónica de Paracho 2020-2022, Trabajó como Secretario en Secretaría de Difusión Cultural y Extensión Universitaria.

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