Curanderos... / Herpes zóster: cuando el dolor persiste más allá de la piel
Las opiniones vertidas en este artículo son responsabilidad de quien las emite y no de esta casa editorial. Aquí se respeta la libertad de expresiónPor años, el virus de la varicela permanece silencioso en el organismo, refugiado en los ganglios nerviosos, esperando una oportunidad. Ese momento llega cuando el sistema inmunológico se debilita —por edad, estrés o enfermedad— y entonces reaparece bajo una forma distinta y mucho más agresiva: el Herpes zóster, conocido popularmente como “culebrilla”.
El herpes zóster no es sólo una erupción cutánea. Sí, comienza con lesiones vesiculares dolorosas que siguen el trayecto de un nervio, pero su verdadero impacto va mucho más allá de la piel. Se trata de una enfermedad neurológica con manifestaciones dermatológicas, y esa diferencia es clave para entender su complicación más incapacitante: la Neuralgia postherpética que es un dolor intenso cuando ya no está la manifestación en piel.
Durante la fase aguda, el paciente experimenta ardor, punzadas, hipersensibilidad y dolor intenso en la zona afectada. Sin embargo, en algunos casos —especialmente en adultos mayores— el problema no termina cuando desaparecen las lesiones. El dolor persiste semanas, meses e incluso años. Es entonces cuando hablamos de neuralgia postherpética, una condición que transforma la vida cotidiana en una experiencia constante de sufrimiento.
Este dolor neuropático es particularmente complejo. No responde de manera convencional a los analgésicos comunes, porque su origen no es inflamatorio ni mecánico, sino una alteración en la transmisión de las señales nerviosas. El nervio afectado queda “dañado” tras la infección viral, generando impulsos erráticos que el cerebro interpreta como dolor continuo, incluso sin estímulo real.
Los pacientes lo describen como un ardor profundo, una sensación eléctrica o una hipersensibilidad extrema al tacto. Actividades tan simples como vestirse o el roce de una sábana pueden volverse insoportables. Este tipo de dolor no solo afecta el cuerpo; impacta el sueño, el estado de ánimo y la calidad de vida, generando ansiedad, depresión y aislamiento social.
El riesgo de desarrollar neuralgia postherpética aumenta con la edad. Se estima que hasta el 20-30% de los pacientes mayores de 60 años con herpes zóster pueden desarrollarla. Esto convierte a esta enfermedad en un problema de salud pública relevante en poblaciones envejecidas.
Afortunadamente, existen estrategias para reducir este riesgo. El diagnóstico temprano y el inicio oportuno de tratamiento antiviral en las primeras 72 horas son fundamentales. Medicamentos como aciclovir o valaciclovir ayudan a limitar la replicación viral y, en consecuencia, el daño nervioso.
En cuanto al manejo del dolor crónico, el abordaje debe ser multidisciplinario. Se utilizan fármacos moduladores del sistema nervioso como gabapentina o pregabalina, antidepresivos e incluso parches de lidocaína. No obstante, el tratamiento no siempre logra eliminar completamente el dolor, lo que refuerza la importancia de la prevención.
Hoy en día, la vacunación representa una herramienta clave. Existen vacunas eficaces que reducen significativamente el riesgo de desarrollar herpes zóster y, sobre todo, su complicación más temida: la neuralgia postherpética. Su aplicación está recomendada principalmente en adultos mayores y personas con factores de riesgo.
Hablar de herpes zóster es hablar de dolor, pero también de oportunidad. Oportunidad de diagnosticar a tiempo, de tratar de forma integral y, sobre todo, de prevenir. Porque en medicina, evitar el daño siempre será más poderoso que intentar reparar lo irreversible.
El mensaje es claro: no subestimar una erupción dolorosa. Puede ser la puerta de entrada a una de las formas más persistentes y desgastantes de dolor que existen. Y en ese escenario, la información y la acción oportuna pueden marcar la diferencia entre una recuperación completa y una lucha prolongada contra el sufrimiento.