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La estrategia permitió salvar 90% de las cosechas. / Foto: Isaac Molina / El Sol de Parral
A través del ingenioso método del lápiz, agricultores de Valle de Zaragoza en Chihuahua lograron rescatar cerca de 200 hectáreas de sandía aprovechando el agua del subsuelo en plena sequía y con el río Conchos casi abatido. De acuerdo con Desarrollo Rural del municipio, dicha estrategia también permitió incrementar el precio de la fruta en favor de los productores de la región, ya que pudieron ofrecerla en tres pesos el kilogramo cuando el año pasado no pasaba de un peso.
El 2025, la historia de la sandía en el municipio parecía condenada a escribirse con letras grises. La severa sequía que azotó la región pronosticaba pérdidas totales para los productores, pues el agua simplemente no alcanzaría a llegar a las parcelas. La situación era crítica: el nivel del río apenas dejaba pasar un hilo de agua y el panorama auguraba un año sin cosecha, con el consecuente golpe económico para cientos de familias. Sin embargo, una técnica tradicional, el llamado método del lápiz, se convirtió en la tabla de salvación para la producción de esta fruta, símbolo del verano en la región.
Según el director de Desarrollo Rural de Valle de Zaragoza, Manuel Omar Lachica, en el municipio se siembran alrededor de 200 hectáreas de sandía, la mayoría bajo riego por cintilla. Este año, la producción promedio fue de 20 toneladas por hectárea, menor a las 30 toneladas del año pasado, pero suficiente para evitar pérdidas totales: “El pronóstico era que no se iba a levantar nada, y logramos salvar el 90% de las cosechas gracias a que muchos productores adaptaron su sistema y colocaron el lápiz más pegado al río”, explicó.
El llamado “lápiz” es una tubería de diámetro reducido, de ahí su nombre, que se instala para conducir el agua desde una fuente cercana, en este caso el río, hasta las cintillas de riego que hidratan las plantas.
Normalmente, los productores colocan el lápiz dentro de sus tierras, aprovechando canales o pequeños tajos de agua, pero la reducción drástica del caudal este año obligó a una inversión extra: instalarlo justo a la orilla del río para garantizar el suministro. Fue un trabajo contrarreloj, con picos, palas, mangueras y bombas, pero permitió que el agua llegara a tiempo para salvar las plantas.
Aunque el rendimiento por hectárea fue menor que en 2024, el precio del año pasado compensó la caída. El año antepasado la sandía se vendía entre 80 centavos y un peso por kilo; en el 2025, el precio mínimo fue de 1.50 pesos, y el máximo llegó a 3 pesos. Esto permitió que los productores obtuvieran mejores ganancias, incluso con menos toneladas.
El 2025 deja una lección clara para el campo de Valle de Zaragoza: la adaptación es clave para sobrevivir. La imagen final de esta temporada no es la de un campo seco, sino la de una hilera de sandías brillando bajo la luz de la tarde, como enormes esmeraldas rayadas esperando su turno para alimentar y refrescar a cientos de familias.
Es un productor que carga, con esfuerzo y alegría, un fruto que vale más. Es la certeza de que, mientras haya ingenio para llevar el agua hasta la raíz y manos dispuestas a trabajar, Valle de Zaragoza seguirá pintando de verde sus tierras, aunque el cielo no siempre se acuerde de mandar la lluvia.