Las 12 verdades del mundo es una oración donde se enumeran 12 símbolos religiosos del catolicismo y cuya pronunciación, se creía, abatía entidades negativas
Nacido en Santander, dejó un legado artístico entre España, México y Estados Unidos a través de su pintura que capturaba lo esencial más allá de la apariencia
La iglesia se abarrotó con cientos de peregrinos que buscaban ver la imágen religiosa. / Foto: Javier Cruz / El Sol de Parral
Desde antes de que el sol despunte en el horizonte, los caminos que conducen al pequeño poblado de Las Ánimas comienzan a llenarse de pasos. Son pasos lentos, algunos firmes, otros cansados, pero todos guiados por la misma razón: la fe. Cientos de familias, peregrinos solitarios y grupos de amigos emprendieron el trayecto desde Parral hasta este santuario, con el propósito de encontrarse con la imagen del Señor de los Guerreros, una devoción profundamente arraigada en la región.
A lo largo del camino se observa una escena que se repite año con año y que parece detener el tiempo. Personas caminando con mochilas al hombro, otros portando pequeñas imágenes religiosas, algunos cubriéndose del sol con cachuchas o sombreros. Hay quienes avanzan en silencio, como si cada paso fuera una oración. Otros conversan con sus compañeros de camino para aliviar el cansancio. Muchos comenzaron su recorrido aún en la madrugada, cuando la temperatura es más fresca y el cielo todavía guarda las últimas estrellas.
Entre los peregrinos se distinguen familias completas: padres, hijos y abuelos que avanzan juntos, compartiendo el mismo sacrificio. Algunos niños caminan tomados de la mano de sus padres, aprendiendo desde pequeños el significado de esta tradición. En contraste, también hay quienes recorren el trayecto solos, con la mirada fija en el camino y la mente puesta en una promesa. Para muchos, cada kilómetro representa un acto de gratitud o una súplica profunda.
No faltan los casos que conmueven a quienes los observan. Hay peregrinos que avanzan descalzos, soportando el calor del suelo y el cansancio acumulado, como parte de una manda que prometieron cumplir. Otros caminan lentamente, haciendo pausas a la orilla del camino para recuperar fuerzas, beber agua o simplemente respirar profundo antes de continuar. El esfuerzo físico se convierte en un símbolo del compromiso espiritual que los ha traído hasta aquí.
A medida que el trayecto avanza, el camino también se llena de gestos de solidaridad. Automovilistas que pasan ofrecen agua o aventones a quienes ya no pueden continuar. Algunos vecinos colocan pequeños puestos improvisados para vender bebidas, fruta o alimentos sencillos que ayudan a los peregrinos a recuperar energía. El ambiente se transforma en una mezcla de cansancio, esperanza y compañerismo.
Afuera de la iglesia se apostaron puestos comerciales, con alimentos y artículos variados. / Foto: Javier Cruz / El Sol de Parral
Al llegar al poblado de Las Ánimas, el panorama cambia. El ambiente se vuelve festivo y multitudinario. A las afueras del templo se han instalado decenas de puestos donde se ofrecen antojitos mexicanos: sopes recién hechos, enchiladas, gorditas y otros platillos tradicionales cuyo aroma se mezcla con el polvo del camino. También hay vendedores de ropa, plantas, accesorios religiosos y juguetes que llaman la atención de los niños.
En la zona conocida como los juegos se escuchan las risas de los pequeños que disfrutan de los brinca brinca y otras atracciones. Para muchos visitantes, la jornada es una mezcla de devoción y convivencia familiar, una tradición que combina la espiritualidad con el encuentro social que ocurre cada año en este lugar.
Mientras tanto, en los accesos al templo se mantiene un dispositivo de seguridad que revisa a las personas para evitar el ingreso de objetos prohibidos y garantizar el orden durante la celebración. Aun así, las filas crecen poco a poco. Los peregrinos esperan pacientemente su turno para ingresar al recinto y acercarse a la imagen del Señor de los Guerreros.
En las filas se escuchan conversaciones cargadas de emoción. Algunos comparten los milagros que aseguran haber recibido durante el año: una enfermedad superada, un problema familiar resuelto, un trabajo conseguido cuando parecía imposible. Otros hablan en voz baja, como si aún guardaran en secreto la petición que llevarán ante la imagen sagrada.
Dentro del templo el ambiente es distinto. El bullicio del exterior queda atrás y se transforma en silencio, respeto y recogimiento. Hay personas que se arrodillan apenas cruzan la puerta, otras permanecen de pie con las manos juntas y los ojos cerrados. Algunos lloran en silencio, otros simplemente miran fijamente la imagen, como si en ese momento encontraran la respuesta que tanto buscaron durante el camino.
Cada rostro refleja una historia distinta: agradecimiento, dolor, esperanza o fe inquebrantable. Para muchos de los presentes, haber llegado hasta este lugar representa el cumplimiento de una promesa hecha en momentos difíciles. Para otros, es el inicio de una nueva súplica, una petición que depositan con la esperanza de que algún día se convierta en milagro.
Así, entre polvo, cansancio y oración, cientos de peregrinos mantienen viva una tradición que ha pasado de generación en generación. Caminar hasta Las Ánimas no es solo un recorrido físico; es un viaje espiritual que conecta a las personas con sus creencias más profundas.
Y mientras el sol avanza sobre el cielo de la región, el flujo de peregrinos no se detiene. Siguen llegando desde distintos puntos, algunos aún con el cansancio marcado en el rostro, pero todos con el mismo objetivo: acercarse, aunque sea por un instante, al Señor de los Guerreros y renovar una fe que, para muchos, es tan fuerte como el propio camino que recorrieron para llegar.