Irving y Francisco, dos niños que cambiaron juguetes por marchas y navidades por la búsqueda de su papá
Irving, de 13 años, cursa primero de secundaria y necesita una computadora para realizar sus proyectos escolares; Francisco, de 11 años, alumno de quinto de primaria, requiere un celular para recibir tareas por WhatsApp, ambos comparten el teléfono de su abuelita
Los niños estuvieron presentes cuando la noticia llegó a casa. Vieron llorar a su abuelita y con los ojos llenos de lágrimas, confirmaron lo que sus corazones ya intuían: su papá no volvería.
“No hay regalo que repare la pérdida de su papá, pero ellos merecen ser felices y yo seguiré esforzándome por ellos para que sigan estudiando y cumplan todos sus sueños, ya que a través de sus risas yo también soy feliz”.
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Continúan en su proceso para retomar su vida, ya que durante dos años buscaron a su padre de la mano de su abuelita, entre marchas, pesquisas y veladoras / Foto: Javier Cruz/ El Sol de Parral
Irving Gael Romero Valencia y Francisco Romero Valencia no escriben cartas a Santa desde hace dos años. Tampoco esperan juguetes bajo el árbol desde la desaparición y muerte de su padre; su infancia cambió de forma irreversible al convertirse en “niños buscadores”, acompañando en todo momento a su abuelita, Paulita Hernández. Los juegos fueron sustituidos por marchas, los carritos por pancartas y una ilusión incompleta de poder tener a su padre. A pesar de su corta edad, su nobleza y amor por su abuelita los hace fuertes, ya que, aunque saben que no cuenta con los recursos suficientes para otorgarles algún regalo, para ellos tenerla a su lado es lo mejor.
Mientras muchas familias se preparan para celebrar la Navidad, Irving y su hermano Francisco, de 13 y 11 años, viven estas fechas desde un lugar distinto: el de la ausencia. Continúan en su proceso para retomar su vida, ya que durante dos años buscaron a su padre de la mano de su abuelita, entre marchas, pesquisas y veladoras. Hoy, esta será la primera Navidad en la que ya no lo esperan… ahora lo recuerdan.
La desaparición de su padre, Francisco Eli Romero Hernández, marcó el inicio de una infancia distinta, debido a que los juguetes quedaron atrás y fueron sustituidos por pancartas. Las posadas cambiaron por marchas; las cartas a Santa, por una sola pregunta:“¿Dónde está papá?”. Así fue como, sin saberlo, Irving y Francisco se convirtieron en niños buscadores.
Con nostalgia, recordaron aquel día en el que supieron que su padre se había ido a trabajar lejos, aunque mantenían la esperanza de que regresara. Un último mensaje marcó la despedida de Francisco Eli: “Madre, madre, ¿cómo estás? Los amo mucho, cuida mucho a mis hijos”. Al día siguiente, llegó la noticia de que había sido asesinado. Desde entonces, comenzó la búsqueda de esta familia.
A pesar de la inocencia de Irving Gael y Francisco, comprendían que algo sucedía con su padre al ver las lágrimas de su abuelita, quien ha estado con ellos desde pequeños cumpliendo un papel de madre. Los pequeños comenzaron a unirse junto con su abuela al Colectivo 10 de Octubre, integrado por madres buscadoras.
Ayudaron a otras mujeres a colocar las pesquisas de sus hijos, ya que comprendían que estaban unidos por el mismo dolor de la ausencia de sus seres queridos / Foto: Rosy Reyes/ El Sol de Parral
En cada marcha estuvieron presentes mostrando la fotografía y el amor hacia su padre, alzando la voz fuerte para exigir encontrarlo, mientras también ayudaban a otras mujeres a colocar las pesquisas de sus hijos, ya que comprendían que estaban unidos por el mismo dolor de la ausencia de sus seres queridos.
Hace cinco meses, otro suceso cambió su vida, debido a que su abuelita Paula recibió una noticia dolorosa que marcaba el fin de la búsqueda: el cuerpo de su padre había sido localizado tras haber sido exhumado en el panteón La Norteña, un sitio donde permanecieron ocultos los cuerpos de diez hombres —víctimas de homicidio— de entre 30 y 50 años de edad.
Tras culminar los procesos, los pequeños lograron reunirse con su padre, a quien recuerdan con gran amor: “Era muy divertido, jugaba con nosotros, nos ayudaba a hacer nuestras tareas y nos quería mucho; hoy ya no está aquí, pero siempre lo recordamos”.
Hoy, a las puertas de la Navidad, Irving, Francisco y su abuelita se preparan para pasarla juntos; saben que no hay dinero para regalos caros, pero sí el amor de una familia unida: “A mis niños les gusta mucho el pollo y la pizza, eso cenaremos; quien guste acompañarlos serán bien recibidos en nuestro hogar”.
Paulita, como de cariño es conocida, trabaja cada tercer día en una casa donde apoya con las labores y los fines de semana vende tamales / Foto: Javier Cruz/ El Sol de Parral
Paulita, como de cariño es conocida, trabaja cada tercer día en una casa donde apoya con las labores y los fines de semana vende tamales. Los niños la apoyan en el reparto y también cuidan de su abuela, cuya salud se ha visto afectada.
Actualmente Irving, de 13 años, cursa primero de secundaria y necesita una computadora para realizar sus proyectos escolares. Francisco, de 11 años, alumno de quinto de primaria, requiere un celular para recibir tareas por WhatsApp. Ambos comparten el teléfono de su abuelita.
Esta Navidad no habrá juguetes bajo el árbol, pero sí una vela encendida por quien ya no está. No habrá risas completas, pero sí dos niños que aprendieron demasiado pronto que la Navidad también puede doler… y aun así, se sigue viviendo.
Hoy, a las puertas de la Navidad, Irving, Francisco y su abuelita se preparan para pasarla juntos; saben que no hay dinero para regalos caros, pero sí el amor de una familia unida / Foto: Javier Cruz/ El Sol de Parral