En Punto
Solo hay un caso en los tiempos modernos de un presidente municipal de Puebla que deja el cargo para ir a una contienda electoral con el propósito de convertirse en gobernador del estado.
En efecto, Gali Fayad ya hizo siete años antes lo que ahora mismo lleva a cabo Rivera Pérez.
La diferencia entre las aventuras políticas de Gali y Rivera es que el primero fue a las urnas en un contexto muy favorable, teniendo como manto protector al morenovallismo en pleno y sin elección federal que le hiciera sombra.
Rivera Pérez enfrenta un escenario mucho más complejo, como se sabe y como se ha descrito con amplitud.
Aun así, entre los asistentes a la sesión de Cabildo, mayoritariamente simpatizantes y aliados del virtual precandidato a gobernador, había ayer sentimientos de optimismo con respecto a lo competencia que se avecina.
En primera fila, acompañando a Eduardo Rivera en esta relevante transición, estuvieron su esposa, sus tres hijos y su nieto.
A un lado de ellos estuvieron también los padres de Adán Domínguez, quien, por cierto, no pudo contener la alegría al rendir protesta como edil sustituto, aunque solo lo vaya a ser por 10 meses.
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El partido en el poder cerrará el año sin precandidato a la presidencia municipal, con tres perfiles en aparente competencia cerrada que ahora mismo mueven los hilos ocultos de Morena para tratar de hacerse con la postulación.
Ellos son, en estricto orden alfabético, Alejandro Carvajal Hidalgo, Claudia Rivera Vivanco y José Chedraui Budib.
El primero, diputado federal, tiene en Alfonso Ramírez Cuéllar su principal y quizá único pilar de apoyo, además de que es uno de los aspirantes mejor ubicado (en intención de voto) en la ciudad.
Como ex dirigente nacional de Morena y operador político de Claudia Sheinbaum, Ramírez Cuéllar puede presionar para hacer que la candidatura se quede para un morenista puro, como pelea Carvajal.
Rivera Vivanco, por su parte, tiene su fortaleza política en Citlali Hernández, la secretaria general del partido que en el pasado le apoyó, tras bambalinas, en la disputa con el extinto Miguel Barbosa Huerta.
La senadora con licencia fue vital en la resistencia de Rivera ante la embestida del entonces gobernador.
José Chedraui es el personaje más singular en esta competencia.
Es de (muy) reciente ingreso al universo de simpatizantes de la 4T y en poco tiempo se colocó a la cabeza de las preferencias electorales en la capital.

















