Reforma laboral prometía juicios rápidos por despidos, pero trabajadores en Puebla padecen largas esperas
Además de la pérdida de ingresos, enfrentan desgaste emocional y la incertidumbre sobre su futuro
Javier Zambrano
Mientras esperan una sentencia que determine su liquidación o reinstalación, los tres han tenido que lidiar con la pérdida de ingresos, el desgaste emocional y la incertidumbre sobre su futuro.
Una vida de trabajo y un juicio que se prolonga
Israel señaló que su principal objetivo es la reinstalación, ya que la seguridad social y la posibilidad de acceder a su pensión son fundamentales para su futuro y el de su familia.
Lo sienten como un sistema lento
Tras agotar la etapa de conciliación, presentó una demanda ante los tribunales laborales en Puebla. Sin embargo, el proceso ha resultado mucho más largo de lo que esperaba.
“Desde que empezó todo ha sido muy lento. Tardamos más de un año en llegar a la audiencia de juicio y después de eso ya pasaron varios meses sin que todavía se dicte la sentencia”, explicó.
De acuerdo con su testimonio, la audiencia final se realizó en noviembre del año pasado; sin embargo, actualmente el tribunal aún no ha emitido el fallo que permitiría resolver su situación laboral y económica.
Durante este tiempo, el proceso también ha tenido consecuencias en su salud y en su situación económica, debido a la falta de ingresos estables y a la incertidumbre sobre el resultado del juicio.
El caso de un joven trabajador
El conflicto escaló tras un incidente con la gerente de la sucursal, quien —según su versión— lo amenazó con denunciarlo por acoso y perjudicar su futuro profesional si no firmaba su renuncia.
Ante esa situación, firmó su renuncia esperando recibir su finiquito; sin embargo, el pago nunca llegó, por lo que decidió iniciar un proceso ante las autoridades laborales.
Durante las audiencias de conciliación, la empresa ofreció inicialmente 12 mil pesos y posteriormente redujo la propuesta a 9 mil, monto muy por debajo de lo que, según estimaciones preliminares, le correspondía.
“En conciliación nos dijeron que el monto podía ser de alrededor de 30 mil pesos, pero la empresa solo quería dar 9 mil. Por eso decidí no aceptar y seguir con la demanda”, explicó.
Desde octubre de 2025 hasta la fecha, su caso sigue sin resolverse y apenas comenzará la etapa de audiencias ante el tribunal laboral, lo que evidencia que el proceso puede extenderse durante meses incluso antes de entrar a la fase de juicio.
Falta de infraestructura, personal y malas prácticas
En Puebla, recordó, el nuevo modelo inició con apenas dos tribunales laborales, los cuales tuvieron que absorber tanto los casos nuevos como expedientes heredados del sistema anterior.
Agregó que con el paso del tiempo se crearon más juzgados; sin embargo, el crecimiento de los casos también ha sido constante, lo que mantiene presionada la capacidad del sistema.
Además, explicó que muchas etapas del proceso dependen de información que deben proporcionar otras instituciones, como el IMSS o el Infonavit, lo que también puede retrasar la emisión de sentencias.
A ello se suman prácticas de algunos litigantes que buscan alargar los procedimientos, tanto del lado de las empresas como de los propios trabajadores.
¿Qué prometía la reforma laboral?
Entre sus objetivos principales estaba garantizar procesos más ágiles, audiencias orales y resoluciones en plazos mucho más cortos que en el sistema anterior, donde los juicios podían prolongarse durante años.
De acuerdo con el gobierno federal de ese momento, el nuevo modelo permitiría resolver la mayoría de los conflictos laborales en un plazo estimado cercano a los seis meses.






























