Locallunes, 21 de agosto de 2017
Eclipse: La pelea eterna del sol y la luna
El fenómeno astronómico tiene significado en el pueblo totonaco
El fenómeno astronómico tiene significado en el pueblo totonaco

TUZAMAPAN DE GALEANA, Pue.- El eclipse solar de este lunes tiene una significación en el pueblo totonaco de la Sierra Norte de Puebla, en el que se representa la lucha entre el bien y el mal, según el doctor en antropología social Elio Masferrer Kan, quien lo plasmó en su obra "Totonacos. Pueblos indígenas del México contemporáneo"; mientras tanto, para los nahuas de la Sierra Norte, se trata de un orden cósmico, donde su creación inauguraba el dominio sobre las tinieblas perpetuas y su destrucción, la vuelta al caos primigenio.
De acuerdo con esta obra, publicada por la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI, en 2004), los totonacos asumen el origen del mundo en el mito del Quinto Sol, donde se relata que se juntaron 400 dioses y encendieron una hoguera, de los dos hermanos convocados, uno se animó a arrojarse al fuego, y de él nació Chichiní (Sol); el otro hermano, que había titubeado, se arrojó entonces a la hoguera, pero esta ya se había apagado y solo quedaban cenizas; también fue enviado al cielo, sería P’apa (Luna). Ambos hermanos siempre pelean; los dos son hombres. P’apa o Manuel visita a las mujeres cada 28 días. "Se dice que cuando hay eclipse, el Sol y la Luna disputan. El Sol es el dios del mundo de los hombres, se llama Francisco", detalla el texto.
El eclipse de Sol o de Luna es parte de esa lucha cosmológica, y se transforma también en un indicador étnico. “Durante mucho tiempo, para saber si el maestro bilingüe que estaba conversando conmigo era indígena o mestizo, le preguntaba qué pasaba en un eclipse; los totonacos contestaban que ‘peleaban los hermanos y se podía ver en el agua’, y los mestizos respondían que los totonacos eran tontos y creían en eso”. La Semana Santa es vista como una lucha entre Chichiní y P’apa, como un eclipse de Sol, donde triunfa Chichiní y puede renovarse el mundo.
Según Jaime Echeverría García, del Instituto de Investigaciones Históricas, Universidad Nacional Autónoma de México, en su artículo "El Sol es comido: representaciones, prácticas y simbolismos del eclipse solar entre los antiguos nahuas y otros grupos mesoamericanos", el astro diurno era el punto de referencia a partir del cual se establecía el orden en el mundo: su creación inauguraba el dominio sobre las tinieblas perpetuas, y su destrucción, la vuelta al caos primigenio.

Así, bajo el contexto del propio trabajo de campo entre los nahuas de Pahuatlán, en la Sierra Norte de Puebla, el autor ofrece una visión amplia del fenómeno. Los aspectos que se abordan en la investigación son las representaciones del eclipse de Sol, los agentes que intervinieron en él, las prácticas rituales implementadas por los nahuas y otros grupos para aminorar el ataque que sufría el astro, así como los efectos nocivos que producía el eclipse.
En el artículo establece que también a través del origen del Sol se establecía la necesaria alternancia de los principios opuestos; la periodicidad del tiempo que aseguraba el paso de la noche al día, de la oscuridad a la luz, del caos al orden; el equilibrio entre lo acuoso y lo ígneo, así como el principio femenino y el masculino.
El mito narra que, una vez que el Sol salió por el este, al ser creado a partir de su inmolación por fuego, no se movía, y al verlo los dioses mandaron a Tlotli (gavilán) para que le dijera que hiciera su curso, pero el Sol respondió que no se movería hasta que todos los dioses murieran. Después de que Citli trató de hacerlo mover lanzándole flechas, lo que motivó su muerte por el astro, los dioses se espantaron y vieron que no podían prevalecer sobre el Sol, por lo que decidieron sacrificarse.
Xolotl se encargó de ello al abrirles a todos el pecho con un pedernal, para después sacrificarse él. Así fue aplacado el astro diurno y comenzó su curso. De igual manera, en la historia de los mexicanos por sus pinturas se asienta que la condición necesaria para que el Sol tuviera movimiento era que “comiese corazones y bebiese sangre”.
El principal peligro que enfrentaba el Sol era ser devorado, tal como lo refieren los sintagmas nahuas Tonatiuh qualo, oqualoc in Tonatiuh, iqualoca in Tonatiuh: “el Sol es comido”, “fue comido el Sol”, “había sido comido el Sol”, respectivamente; teotl qualloz: “el dios será comido”, “se cubrió el Sol”, y oqualoc yn Tonatiuh: “fue comido el Sol, se oscureció”.