Las preocupaciones económicas deberán esperar. Antes, debe cumplir con su papel de anfitrión en la cumbre internacional. “Siempre busqué cargar mi bandera no solamente por cargarla sino por representarla, por sentirme merecedor de ella”, sentencia.
El actual rector Emilio Baños Ardavín concluirá su gestión el próximo 31 de julio, por lo que Medina Delgadillo asumirá el cargo el 1 de agosto de 2026
Un poblano representará a México en la decimotercera Cumbre Internacional de Derechos Humanos en Nueva York organizada por Youth for Human Rights. Francisco Javier Carrasco Romero, egresado de Relaciones Internacionales por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), ha comprado un boleto, sólo de ida, para cumplir este sueño e intentar estudiar en una de las universidades más prestigiosas del mundo.
Cuando cumplió tres años, el payaso que amenizaba la fiesta le preguntó qué quería ser de grande. “¡Presidente de la República!”, exclamó. Más de dos décadas después, Francisco, o Paco como le conocen sus amigos, se niega a abandonar esta pretensión. “Todavía tengo ese sueño pero antes quiero ser gobernador del estado de Puebla, me gustaría”, aclara. “De que voy a ser gobernador, voy a ser gobernador”.
El poblano de 25 años no ambiciona dinero, sino una posición desde la que pueda defender las libertades de sus compatriotas. No piensa en nada más cuando se pierde en los conflictos sociales que atraviesa el país. Educación, indigenismo e igualdad son los tres pilares sobre los que construye un discurso plagado de citas a literatos, políticos y economistas.
“La falta de conocimiento de los sectores y las clases en el mismo estado”, argumenta con rapidez, cuestionado sobre el diagnóstico del estado en materia de derechos humanos. “La mayoría de los poblanos aunque sean serranos, aunque sean mixtecos, al momento de llegar a Puebla capital ya son poblanos capitalinos”.
Camisa, saco gris y cartera con el logo de la BUAP, donde se licenció hace un año y cursó un diplomado en Transparencia y Gobierno Abierto impartido en conjunto por el Instituto Nacional de Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI), es el sencillo uniforme que usa Francisco para mimetizarse entre diplomáticos, políticos y académicos.
“Lamentablemente en Puebla esas ganas de parecer lo que uno no es nos han llevado a que no nos demos cuenta de que tenemos una desigualdad aplastante”, continúa. “Guardar las apariencias nos ha orillado a que los gobiernos, a que las legislaturas o a que los funcionarios de alta esfera, no se preocupen realmente por erradicar esa desigualdad”.
Fue esta inquietud la que motivó a Francisco a buscar respuestas en su carrera –“No salí con un promedio bajo pero tampoco alto”, aclara sonriente-. Con poco más de 20 años, un profesor de su facultad le aseguró que no existían los derechos humanos. Casi como respuesta, el joven fundó la sección local de Youth for Human Rights, Jóvenes por los Derechos Humanos Puebla, voluntariado ligado a la Organización de Naciones Unidas (ONU).
Tras representar al país en diversos eventos de Latinoamérica, hace un año Francisco fue elegido como delegado en la duodécima Cumbre Internacional de Derechos Humanos. Este año, a partir del 26 de agosto, repite pero como embajador, aunque no por mucho tiempo: quiere que otros más jóvenes tengan la oportunidad también de defender las libertades individuales.
“Entregaré la batuta a mis 25 años pero seguiré trabajando por los Derechos Humanos”, asegura con cierto orgullo el joven, quien planea además finalizar la licenciatura en Derecho que cursa a distancia en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). “Siempre busqué cargar mi bandera no solamente por cargarla sino por representarla, por sentirme merecedor de ella”.
Apenas quedan unos días para volar hacia el país vecino y el poblano continúa contando las monedas. Aunque pidió ayuda para costear el viaje a los tres órdenes de gobierno, nadie contestó al joven que hasta hace pocos meses, y antes de un recorte presupuestal, trabajaba para un ayuntamiento. “Hice una rifa de mi guitarra, que es el amor de mi vida, la tuve que rifar para comprar mi boleto”, se resigna.
Sólo adquirió el boleto de ida. Francisco planea quedarse más tiempo –aún no sabe cuánto más- para forjar una carrera en la diplomacia. “Si bien me va este año, que me va a ir bien, planeo que tras mis visitas a funcionarios, líderes migrantes y demás para conseguir un fondo y quedarme a trabajar en el consulado de México en Nueva York, costear un crédito y ver si financia mi educación en Columbia”, relata.
Esta universidad, una de las más prestigiosas del mundo, ya le aceptó el año pasado para cursar un posgrado en International and Public Affairs. “Mi alegría en menos de cinco segundos se fue abajo cuando me dijo el decano, ¿y cómo quieres hacer tu primer depósito?”, recuerda. “Apenas si tengo para comer en Nueva York 15 días, ¿de dónde voy a sacar 45 mil dólares?”.