Purpura, el trastorno sanguíneo con el que Majo Vega ha aprendido a vivir desde la infancia | Resilientes
Su determinación fue mayor que su dolor y decidió usar el torno todos los días hasta poder dominarlo
Erika Reyes / El Sol de Puebla
Siendo apenas una niña fue diagnosticada con PTT, trastorno sanguíneo que provoca que las plaquetas no alcancen su madurez, lo que puede desencadenar hemorragias internas o externas.
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Durante décadas, Majo supo que su sangre no funcionaba como debía, pero fue hasta hace diez años que los médicos descubrieron que su organismo no producía la enzima ADAMTS13, indispensable para la coagulación.
La ausencia de esa enzima ADAMTS13 hace que las plaquetas disminuyan, lo que activa la enfermedad y vuelve constante el tratamiento. Por eso, cada mes Majo se somete a transfusiones para sustituir la función que su cuerpo debería realizar por sí mismo.
Un evento dramático
Pero eso no es todo: hace tres años, mientras cursaba un diplomado de cerámica en la Universidad Iberoamericana Puebla, sufrió un accidente cerebrovascular dentro de un baño del campus.
Valentín se dio cuenta de que algo andaba mal y se comunicó con una amiga de Majo que también tomaba el diplomado. Así fueron al baño a socorrerla, pero ya habían pasado dos horas, razón por la que tuvo secuelas.
Determinación y constancia
Majo confesó que pasaron dos años para que volviera a salir a tomar un café con amigas; incluso le daba pena que la escucharan hablar. “Ahora me cuesta mucho decir los verbos, pero puedo hablar más y me gusta porque parezco rusa”, dijo.
Su determinación fue mayor que su dolor y decidió usar el torno todos los días hasta poder dominarlo nuevamente, y así ocurrió. El trabajo manual —repetitivo y constante— se convirtió también en una forma de rehabilitación.
Si lo hacía todos los días, sabía que algún día todo iba a funcionar otra vezExplicó
Actualmente, Majo Vega dirige un taller de cerámica donde crea piezas utilitarias y artísticas, además de impartir clases.
La configuración del alma
Gracias a eso, aseguró Majo, ahora entiende por qué puede hablar con los ángeles. “Es por mi sangre, por mi química cerebral”, advirtió.
“Por no tener la enzima ADAMTS13, genera una química cerebral especial en su cerebro que hace que pueda acceder a esas frecuencias y ella los escucha así, como estamos hablando”, refirió Mela.
Majo estuvo realizando canalizaciones espirituales durante cerca de una década, actividad que más tarde dejó para concentrarse en la cerámica.
Parte de su búsqueda quedó plasmada en su libro Sangre viva, la configuración del alma, una obra donde reflexiona sobre la relación entre la sangre, la vida y la dimensión espiritual del ser humano.
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“Me siento bien, me siento en paz y siento que todo lo que pasó tenía que pasar así. Hoy sé que tengo muchas personas que me aman y están conmigo, y por ello puedo estar aquí, porque si yo estuviera sola no podría hacer lo que hago”, concluyó.
Mujer de pocas palabras, pero de muchas letras. Responsable de la fuente cultural y religiosa, además de columnas fijas como La Otra Migración, Clásicos Poblanos y Los tiempos idos



































