Los avances que hoy se reconocen, afirma, son el resultado de una lucha que comenzó mucho antes de que el feminismo se convirtiera en un fenómeno masivo en Puebla.
Reformas legales surgidas de la presión social
Para distintas activistas, esta reforma representa uno de los logros más significativos de la agenda de derechos sexuales y reproductivos en el estado, después de años de movilización social.
Instituciones y mecanismos de protección
Además de las reformas legislativas, el movimiento feminista incidió en la creación y fortalecimiento de instituciones orientadas a la atención de las mujeres.
Sin embargo, organizaciones feministas advierten que la existencia de estas herramientas no siempre se traduce en resultados efectivos.
De marchas pequeñas a movilizaciones multitudinarias
La brecha entre la ley y la realidad
Para Natalí Hernández, uno de los principales retos del movimiento feminista en Puebla es cerrar la brecha entre los avances legislativos y la realidad que viven muchas mujeres.
Con el paso del tiempo, sin embargo, el concepto fue apropiado por las familias de víctimas y por la ciudadanía como una herramienta para exigir justicia.
Transformaciones en los medios de comunicación
Otro ámbito donde el movimiento feminista ha tenido impacto es en la cobertura mediática de la violencia de género y de las propias movilizaciones.
En el encuentro se analizaron temas en materia de seguridad, incluyendo acciones de prevención del delito y fortalecimiento de la procuración de justicia
El crecimiento del movimiento feminista en Puebla también se refleja en la dimensión de sus movilizaciones. / Foto: Martín Zetina / Cuartoscuro.com
Desde 2013 —cuando se tipificó el delito de feminicidio en Puebla— el movimiento feminista ha impulsado reformas legislativas, la creación de instituciones y cambios en la forma en que la sociedad y las autoridades abordan la violencia de género. Estos avances colocaron en el centro del debate temas que durante décadas permanecieron invisibilizados en el estado.
En el marco del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, feministas de distintas organizaciones señalan que los cambios alcanzados en Puebla no fueron producto de una voluntad política espontánea, sino de años de movilización sostenida en las calles, en los tribunales y en distintas instancias públicas. Marchas multitudinarias, bloqueos frente al Congreso local, protestas frente a instituciones públicas e incluso actos de iconoclasia formaron parte de una estrategia de presión que, según las propias activistas, buscó romper la indiferencia institucional frente a la violencia de género.
Detrás de cada ley o reforma que hoy ampara a las víctimas de violencia de género hubo pérdida, resistencia y lucha en las calles. “Muchas veces tuvimos que tocar puertas, patearlas incluso, para que nuestras demandas fueran escuchadas”, resume la activista Natalí Hernández, coordinadora del Centro de Análisis, Formación e Iniciativa Social (CAFIS), quien lleva cerca de dos décadas participando en el movimiento feminista en la entidad.
Uno de los principales impactos del movimiento feminista en Puebla ha sido la promoción de reformas legislativas que buscan atender distintas formas de violencia contra las mujeres. Entre las más recientes e importantes destaca la despenalización del aborto hasta las 12 semanas de gestación, aprobada por el Congreso local el 15 de julio de 2024. Con esa decisión, Puebla se convirtió en la decimoquinta entidad del país en permitir la interrupción legal del embarazo dentro de ese plazo.
Otro avance emblemático es la llamada Ley Olimpia, surgida a partir del caso de la activista poblana Olimpia Coral Melo, quien fue víctima de violencia digital cuando un video íntimo suyo fue difundido sin su consentimiento cuando tenía 18 años.
A partir de su denuncia pública se impulsó un conjunto de reformas legislativas que reconocen la violencia digital y sancionan la difusión de contenido íntimo sin autorización. En Puebla, estas disposiciones se incorporaron al Código Penal en 2018, con penas de tres a seis años de prisión y multas económicas para quienes cometan este delito.
Un caso que también sacudió la agenda política fue el asesinato de la abogada y activista Cecilia Monzón Pérez, ocurrido el 21 de mayo de 2022. Tras su feminicidio, organizaciones feministas impulsaron la llamada Ley Monzón, aprobada en marzo de 2023, que establece la suspensión de la patria potestad para padres acusados de feminicidio en contra de la madre de sus hijos.
Ese mismo año, el Congreso del estado aprobó la Ley Ácida, que tipifica los ataques con sustancias corrosivas como tentativa de feminicidio y establece penas de hasta 40 años de prisión. Con esta reforma, Puebla se convirtió en la primera entidad del país en considerar estos ataques bajo esa figura penal.
La agenda legislativa también incluyó la Ley Vicaria, que sanciona con hasta 11 años de prisión a quienes utilicen a los hijos como medio para ejercer violencia contra sus parejas o exparejas, y la Ley Sabina, que permite inscribir a deudores alimentarios en el Registro Nacional de Obligaciones Alimentarias, lo que limita trámites como salir del país, obtener licencias de conducir o acceder a cargos públicos.
Uno de los cambios más visibles fue la transformación del antiguo Instituto Poblano de las Mujeres en la Secretaría de Igualdad Sustantiva, con mayores facultades para diseñar e implementar políticas públicas en materia de género.
También se desarrollaron mecanismos específicos para atender problemáticas urgentes. Entre ellos se encuentra el Protocolo Alba, publicado en el Periódico Oficial del Estado (POE) el 28 de julio de 2023, que establece un mecanismo de búsqueda inmediata para mujeres y niñas desaparecidas y puede activarse las 24 horas sin necesidad de esperar plazos.
A esto se suma la Alerta de Violencia de Género contra las Mujeres, declarada en Puebla el 8 de abril de 2019 para 50 municipios, que contempla 45 medidas enfocadas en la prevención de la violencia feminicida, el fortalecimiento de la seguridad y el acceso a la justicia.
El crecimiento del movimiento feminista en Puebla también se refleja en la dimensión de sus movilizaciones. Mientras que hace poco más de una década las marchas feministas reunían apenas a algunos cientos de mujeres, actualmente las manifestaciones del 8 de marzo congregan a decenas de miles de participantes en la capital poblana y en otros municipios del estado.
Para Cinthya Ramírez Rodríguez, integrante de la organización feminista REDefine Puebla y de la campaña por el aborto legal en el estado, este crecimiento responde a un cambio cultural en la forma en que las mujeres se identifican con el movimiento.
“Mis primeras marchas feministas, alrededor de 2018, reunían a unas 300 o 400 personas. En movilizaciones recientes se ha hablado de más de 50 mil mujeres en las calles. Eso habla de que cada vez más personas encuentran sentido en salir a manifestarse y exigir derechos”, señala.
Este aumento en la participación también refleja la diversificación del propio movimiento. Según Ramírez, actualmente se habla de feminismos en plural, que incorporan distintas agendas y perspectivas, como la interseccionalidad, que busca visibilizar cómo el género se cruza con otros factores de discriminación como el racismo, el clasismo o la transfobia.
“A veces se aprueba una reforma, pero eso no significa necesariamente acceso real a un derecho. Puede funcionar en contextos urbanos donde hay servicios, pero en comunidades rurales o alejadas muchas mujeres siguen sin poder acceder a esos derechos”, explica.
La activista recuerda que incluso la tipificación del feminicidio enfrentó fuertes resistencias políticas cuando comenzó a discutirse. En ese momento, muchos actores consideraban innecesario reconocer el delito como una categoría específica.
La periodista y escritora Samantha Páez Guzmán, quien dirigió durante tres años el Observatorio de Violencia de Género en Medios de Comunicación (OVIGEM), considera que en los últimos años ha habido avances importantes en la forma en que los medios locales abordan estos temas.
El observatorio, creado en 2017, analizaba la cobertura periodística sobre violencia de género y realizaba talleres con periodistas para promover el uso de una perspectiva de género en las noticias.
Antes muchas notas se enfocaban exclusivamente en los actos de iconoclasia durante las marchas y se referían a las manifestantes como vándalas o violentasExplica
Este tipo de narrativas, añade, no solo criminalizaban la protesta feminista, sino que en algunos casos ponían en riesgo a las activistas al señalar directamente a quienes participaban en la organización de las movilizaciones.
Aunque todavía existen prácticas problemáticas, Páez considera que la mayor presencia de mujeres en cargos directivos dentro de los medios ha contribuido a modificar gradualmente esas narrativas.
Cuando se hace periodismo con perspectiva de género se abona mucho a que la sociedad cambie su perspectiva sobre la violencia en contra de las mujeresExpone
Desde el ámbito político, la exdiputada local Rocío García Olmedo destaca que uno de los avances más importantes del movimiento feminista ha sido el impulso a la paridad de género en la representación política.
En México, este principio fue incorporado a la Constitución en 2014 para garantizar la igualdad entre mujeres y hombres en las candidaturas a cargos públicos, y posteriormente se amplió en 2021 bajo el concepto de «paridad en todo», que obliga a que las instituciones públicas se integren con el mismo número de mujeres y hombres.
Para la también maestra en Derecho, Políticas Públicas y Género, estos cambios han sido fundamentales para visibilizar problemáticas que durante décadas habían sido ignoradas en los espacios de toma de decisiones. No obstante, advierte que la paridad debe entenderse como un punto de partida y no como una meta final. «La paridad es el piso, no el techo», señala.
A pesar de los avances, las activistas coinciden en que la violencia contra las mujeres sigue siendo uno de los principales desafíos en Puebla. El feminicidio, la desaparición de mujeres, la violencia digital y las desigualdades económicas continúan siendo problemáticas presentes a nivel local y nacional.
También persisten debates dentro del propio movimiento feminista sobre sus estrategias, formas de organización y agendas prioritarias. Sin embargo, coinciden en que recordar los logros alcanzados es fundamental para evitar retrocesos.
“Es muy importante hacer memoria de cómo hemos ido construyendo un movimiento tan fuerte en Puebla, y aún más importante es seguirnos preguntando: ¿para qué salimos a las calles?, ¿qué horizontes todavía tenemos en común las mujeres en Puebla para seguir luchando juntas?, ¿todas seguimos siendo consideradas por estas demandas?”, concluye Natalí Hernández.