Una vida de retos, la historia de Blanca
La muerte y la independencia han marcado la vida de esta mujer
Pilar Pérez
Satisfecha con la vida que ha llevado se dijo Blanca Estela Moreno a quien la independencia ha regido desde los siete años de edad cuando al fallecer su padre, su madre tuvo que comenzar a trabajar, por lo que ella tuvo que hacerse cargo de su hermanito de un año de edad y luego, de adulta, pasó lo mismo con sus tres hijos.
La vida para Blanca, maestra de zumba en la Casa del Abue, fue muy complicada desde la niñez. Nació en San Luis Potosí y ahí hizo su vida hasta su juventud, luego de criar a su hermano. Si bien esta fue una responsabilidad muy grande para una niña, también fue la pauta para descubrir la independencia y valorarla como tal.
De joven, alrededor de 20 años de edad, viajó con una tía a la Ciudad de México con la intención de convertirse en sobrecargo. Su sueño comenzó a materializarse cuando fue contratada en Mexicana de Aviación en el área de venta de boletos, pero justo en ese momento su madre se enfermó y tuvo que correr a su lado a Puebla.
Pero pronto se enfrentó a otro obstáculo en la vida, cuando su esposo falleció dejándola a punto de cumplir los 40 años de edad y con sus tres hijos siendo apenas unos adolescentes, por lo que la responsabilidad la alcanzó nuevamente y tuvo que hacerse valer de su independencia para salir adelante y cubrir todas las necesidades de sus hijos.
Como parte de este trago amargo su cuerpo también le pasó la factura pues muy joven desarrolló diabetes, pero esto no logró que ese echara para atrás, pues sobre sus hombros cargó el futuro de sus hijos.
Sola de nuevo, pero positiva y valiente, emprendió una nueva aventura. Lo primero fue buscar un trabajo y se especializó en muchas labores, primero fue niñera, luego chofer particular, vendedora en cambaceo, vendedora de autos y hasta enfermera.
Con esos trabajos logró sacar adelante a sus hijos. Pero el éxito lo alcanzó cuando entró a trabajar a una empresa de venta de tanques de gas, a donde llegó por casualidad, pues resulta que a su próximo jefe, en ese entonces, le intentó vender un producto y esa resultó ser parte de una entrevista de trabajo a la que asistió sin pedirlo ni pensarlo.
Poco a poco su situación económica comenzó a cambiar y sus habilidades se desarrollaron cada vez más y ahí trabajó hasta que sus hijos crecieron, mismos que se convirtieron en ingenieros, dos, y en licenciado, otro de ellos.
“Yo no formé machos, formé tres hombres”, son las palabras con las que se refiere a sus hijos, ahora adultos, esposos, padres de familia y trabajadores.
Luego de lograr la realización de sus hijos, aseveró que valoró todavía más su independencia, pues se dio cuenta de que no necesitó a nadie para salir adelante y mucho menos para ser feliz. Es más, en un par de ocasiones, ya viuda, tuvo la oportunidad de encontrar el amor y hasta casarse otra vez, pero se negó a hacerlo al valorar más su soledad.
“No dependo de algo o de alguien para ser feliz”, dijo al tiempo de asegurar que se siente completamente realizada por llegar hasta los 68 años de edad, íntegra, feliz, independiente y con la certeza de que ella es un ejemplo de vida para las mujeres.
Por eso es que se desempeña como maestra en la Casa del Abue, donde tiene la oportunidad de estar cerca de otros y hasta de compartir sus experiencia buscando, precisamente eso, enseñar a otros a disfrutar de su independencia.
[caption id="attachment_678882" align="aligncenter" width="600"] Foto: Sandro Franco[/caption]
























