Dick Davis y Mary Carmen Olvera Trejo: Los arquitectos del color
Arte como motor de cambio
Una escuela de artistas
El murmullo de los muros: Un testimonio en papel
“Es una obra escrita con el corazón. Espero que, cuando los visitantes lo tengan en sus manos, puedan conectar con la historia que hay detrás de cada pieza”, agrega Mary Carmen.
Vitromurales de Zacatlán, Dick Davis y Mary Carmen Olvera Trejo. / Foto: Edgar Barrios / El Sol de Puebla
Zacatlán, Pue. – Hace diez años, los muros de Zacatlán lloraban lágrimas de musgo, testigos mudos del abandono. Hoy, esos mismos muros son lienzos vibrantes que susurran historias, gracias al esfuerzo de artistas, turistas y habitantes locales que han convertido al vitromuralismo en el latido cultural de este Pueblo Mágico.
Lo que comenzó como una iniciativa de arte comunitario ha florecido en una obra colosal de más de 2 mil 600 metros cuadrados de vitromurales, atrayendo visitantes de 40 países y revitalizando la economía local. Entre los países que han dejado su huella en estos muros destacan Estados Unidos, España, Ucrania, Rusia, Ecuador, Venezuela, El Salvador, Perú, Argentina y Japón, entre otros. La magia de este proyecto no solo radica en su estética, sino en la capacidad de transformar el entorno y el ánimo de una comunidad entera.
El proyecto tiene como cimientos la visión y el entusiasmo de Dick Davis, un estadounidense enamorado del arte público, y Mary Carmen Olvera Trejo, artista y coordinadora del proyecto. Ahora, Rafael Carreño Olvera, director de la Casa del Vitromuralista, también forma parte esencial de esta iniciativa. Su encuentro en Zacatlán marcó el inicio de una revolución estética.
Davis, inspirado por las leyes de arte público de San Francisco y las obras de arte callejero en Filadelfia, encontró en Zacatlán un lienzo en blanco. “Veía los muros cubiertos de grafitis y pensé: aquí hay potencial para algo grande”, relata Davis. “El arte público no solo embellece, también une comunidades y les da una razón para sentirse orgullosas de su espacio”.
Mary Carmen, por su parte, recuerda cómo las primeras piezas surgieron de manera orgánica, con voluntarios y artistas locales que se sumaron poco a poco. “El arte ha evolucionado, y también nuestra técnica. Lo que comenzó con piezas abstractas ahora incluye retratos, paisajes y referencias a la cosmovisión náhuatl”.
Mary Carmen Olvera Trejo y Dick Davis, creadores del proyecto. / Foto: Edgar Barrios / El Sol de Puebla
A lo largo de los años, el impacto social y económico del vitromuralismo ha sido innegable. Los muros del Callejón del Hueso, Linda Vista y el Panteón se han convertido en paradas obligadas para turistas nacionales e internacionales. “En un día llegaron visitantes de Rusia y Ucrania, justo cuando sus países estaban en guerra. Fue un recordatorio de que el arte trasciende fronteras y conflictos”, menciona Mary Carmen.
El turismo ha generado una derrama económica significativa: se han abierto comercios, guías de turistas y artesanos encuentran nuevas oportunidades, y la misma comunidad ha comenzado a embellecer sus fachadas. “Los muros grises de antes ahora están llenos de color, y la gente se siente parte de algo grande”, añade Davis.
El proyecto ha servido también como semillero de talento. A lo largo de los diez años, más de ochenta artistas han participado en la creación de los vitromurales. Desde voluntarios hasta profesionales, muchos de ellos han encontrado en esta disciplina una vocación y un medio de vida. “Es como una escuela; las generaciones de artistas crecen, aprenden y luego comienzan sus propios proyectos”, explica Olvera.
La Casa del Vitromuralista, liderada por su hijo Rafael Carreño Olvera, ha innovado con murales sobre malla que pueden trasladarse y colocarse en diferentes puntos de la ciudad. “Esto nos permite crear piezas sin depender del clima y asegura que el arte perdure”, comenta Rafael.
Los murales muestran paisajes y la vida cotidiana de los pueblos serranos. / Foto: Edgar Barrios / El Sol de Puebla
El libro El Murmullo del Muro es el testimonio tangible de esta transformación. “Siempre quise escribir un libro, y esta fue la oportunidad perfecta. Las fotos del antes y después son impactantes. Muestran cómo el arte puede cambiar la fisonomía de un lugar”, comparte Mary Carmen.
El libro no solo narra la historia de los vitromurales, sino que también recopila anécdotas, retratos de artistas y el testimonio de visitantes que han dejado su huella en los muros. Incluye colaboraciones de arquitectos como Manuel Aldana y Charo Nava, así como un análisis sobre la transformación arquitectónica del área. Además, Dalu, periodista de la UAM, ofrece un resumen del libro en dos cuartillas que proporciona una visión concisa del impacto cultural y social del proyecto.
El vitromuralismo en Zacatlán es más que una expresión artística: es un movimiento social, un faro de identidad y un testimonio del poder del arte para transformar espacios y vidas. Y mientras los muros sigan susurrando, Zacatlán seguirá siendo un lienzo en constante evolución.