“Deconstructoras” es más que un proyecto, es un movimiento que desafía los roles tradicionales y demuestra que un futuro más equitativo es posible, ladrillo por ladrillo.
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El proyecto busca desafiar las estructuras masculinizadas en el sector construcción / Cortesía
Por años, América Jadhay Sánchez Hernández, arquitecta y maestra en Ciudades Sostenibles, experimentó las barreras de género que enfrentan las mujeres en la industria de la construcción. Desde su primer empleo en obra se dio cuenta de que, aunque las arquitectas eran comunes en áreas de diseño o presupuestos, su presencia en supervisión o residencia de obra era casi inexistente. “Siempre fui la única mujer en el sitio”, recuerda América, quien constantemente tuvo que demostrar sus capacidades para ganar la confianza de sus colegas y trabajadores.
Esas experiencias sumadas a un análisis profundo sobre la inequidad en los espacios laborales, dieron vida a “Deconstructoras”, un proyecto que busca abrir caminos para mujeres y disidencias en la construcción, desafiando las estructuras tradicionalmente masculinizadas del sector.
La idea nació desde la incomodidad de América al trabajar en un entorno donde, con frecuencia, se menospreciaban sus conocimientos y habilidades debido a su género. “Los albañiles querían enseñarme cosas básicas de construcción como si no fuera arquitecta”, comenta. Esta condescendencia, sumada a la falta de representación femenina, la llevó a reflexionar sobre la segregación ocupacional y a preguntarse: ¿Qué pasaría si las mujeres trabajáramos juntas en obra?
Decidida a comprender mejor las dinámicas de género en la construcción, América estudió una maestría en Ciudades Sostenibles, donde encontró sustento teórico para su percepción: “No es sostenible una ciudad que excluye a mujeres, disidencias o personas con discapacidades de los espacios laborales y de la infraestructura”, asegura. Fue entonces cuando se propuso crear un proyecto que no solo cuestionara esas dinámicas, sino que también ofreciera soluciones concretas.
El proyecto “Deconstructoras” comenzó hace poco más de un año / Cortesía
El proyecto inició hace poco más de un año con un enfoque autogestivo. América convocó a un grupo de mujeres interesadas en aprender los oficios de la construcción, desde revoco fino hasta impermeabilización y reparación de salitre. La metodología fue horizontal: todas aprendieron juntas, compartieron experiencias y se corrigieron mutuamente.
“Lo más valioso ha sido observar los cambios en nosotras mismas. Al principio había inseguridad al tomar una herramienta o al intentar resolver un problema, pero poco a poco nuestras posturas cambiaron, aprendimos a confiar en nuestras capacidades y a explorar nuevas formas de trabajar”, relata América. Este aprendizaje; además, ha permitido a las integrantes del proyecto transformar sus propias percepciones sobre el espacio que habitan: “Dejamos de normalizar desperfectos en nuestros hogares y empezamos a repararlos, entendiendo que tenemos las herramientas para hacerlo.”
Actualmente, el equipo de “Deconstructoras” está conformado por cinco mujeres de diferentes disciplinas, desde artistas plásticas hasta comunicadoras. Además de aprender los oficios, buscan crear propuestas estéticas para interiores y arquitectura que reflejen nuevas visiones.
Cinco mujeres de distintas disciplinas forman parte de este proyecto / Cortesía
Uno de los mayores desafíos ha sido ganar la confianza de los clientes en un entorno donde los prejuicios aún pesan. Sin embargo, América ha descubierto un nicho de oportunidad en mujeres que prefieren contratar servicios de otras mujeres para sentirse más seguras: “Muchas nos buscan porque temen tener a hombres desconocidos trabajando en sus hogares. Esto nos permite ofrecer no solo un servicio de calidad, sino también un espacio de confianza”.
Entre los próximos objetivos de “Deconstructoras” están la creación de talleres semióticos para enseñar a más mujeres a identificar desperfectos en sus hogares y repararlos. Desde aprender a plomear un muro hasta pegar un azulejo, el proyecto busca democratizar el conocimiento y empoderar a más mujeres a habitar sus espacios con seguridad y autonomía.
América concluye con una reflexión: “Este proyecto no solo se trata de romper barreras de género en la construcción, sino de construir nuevas formas de habitar el mundo. Nosotras también tenemos derecho a una vida digna, a trabajar y a crear con libertad.”