8M en Sinaloa: marchas, cifras y una violencia que no se detiene
Cada año el Día Internacional de la Mujer llega con marchas, consignas y discursos oficiales que prometen avanzar en la protección de las mujeres. Pero en Sinaloa, el calendario vuelve a exhibir una contradicción dolorosa: mientras las autoridades hablan de estrategias y protocolos, la violencia feminicida sigue creciendo.
El arranque de 2026 es una prueba contundente. Datos de la Fiscalía General del Estado de Sinaloa registran 14 feminicidios entre enero y febrero, una cifra que supera los 10 casos del mismo periodo de 2025 y triplica los cuatro registrados en 2024. Es decir, la tendencia no solo se mantiene: se acelera.
El caso más reciente, el asesinato de Rubí Patricia, madre buscadora localizada sin vida en Mazatlán, resume una tragedia que en Sinaloa ya no distingue perfiles. Mujeres activistas, madres, jóvenes o niñas aparecen en las estadísticas de un delito que debería ser excepcional y que, sin embargo, empieza a parecer cotidiano.
Esa última quizá sea la más incómoda para el poder público, porque implica reconocer que el Estado llega tarde. Muchas veces interviene cuando el feminicidio ya ocurrió, pero no cuando existen denuncias previas, amenazas o señales de riesgo.
El problema tampoco es nuevo. 2025 cerró con 73 feminicidios, una de las cifras más altas en más de una década. Sin embargo, las respuestas institucionales siguen moviéndose al ritmo de informes, comparecencias y protocolos cuya efectividad sigue siendo difícil de medir.
En medio de la guerra entre grupos criminales, la seguridad pública se ha concentrado casi por completo en contener balaceras y operativos. Pero mientras la agenda oficial se centra en los cárteles, muchas mujeres siguen enfrentando la violencia más peligrosa dentro de sus propios hogares.
Ecoturismo
Mazatlán no sólo es playa y bares, también es cultura en su Centro Histórico que atrapa a quienes lo recorren y terminan enamorados de él.
El auge de Mazatlán como destino turístico y de inversión inmobiliaria en el país debe afianzarse en una política sustentable que garantice que sus recursos naturales no serán dañados por el crecimiento de grandes proyectos.
Más bien, desde el lado del medio ambiente, proyectos ecoturísticos deben ser la punta de lanza para que los desarrollos inmobiliarios de gran calado respeten el espectro ecológico del turismo en el puerto.
En Mazatlán una pareja de biólogos ya trazó el camino y ha dejado la vara muy alta: Víctor Aguirre y Sayra Peralta han construido un proyecto que fusiona historia personal y su amor por el entorno natural, el ingrediente ideal.
Ambos han hecho de la gastronomía y el ecoturismo un proyecto capaz de marcar esa pauta en el respeto por el medio ambiente.
Mazatlán vive del turismo gran parte del año, y es a través de esta actividad que puede erigirse como modelo a seguir en México.
Las actividades donde la naturaleza lleven un alto grado de protagonismo, sin duda alguna refuerzan la idea de que el turismo sustentable es la mejor forma de explotar, en el buen sentido de la palabra, esta noble actividad.















