La Civilización del Espectáculo
Sin desperdicio el texto del premio nobel de literatua, Mario Vargas Llosa, titulado La civilización del espectáculo, pues su tema es la banalización de la política. Vivimos la época de los payasos y de los bailarines.
En Sinaloa ya tuvimos un candidato a gobernador (2011-2016) que resultó un excelente bailarín. Al final de su sexenio la mayoría de los que votaron por él, sintieron que se habían equivocado. Dejó las finanzas del Estado temblando.
Francisco Evarardo Olivieira Silva se registró como candidato a diputado y contendió bajo las siglas del Partido Republicano (PR), en las elecciones realizadas en Brasil en el año de 2010. Su nombre de payaso era Tiririca.
Cuidar la arruga, la calvicie, las canas, el tamaño de la nariz y el brillo de la dentadura, así como el atuendo, vale tanto, y a veces más, que explicar lo que el político se propone hacer o deshacer a la hora de gobernar.
La frivolidad consiste en tener una tabla de valores invertida o desequilibrada en la que la forma importa más que el contenido, la apariencia más que la esencia y en la que el gesto y el desplante –la representación- hacen las veces de sentimiento e ideas.
Tiririca es uno de los casos más notorios, pero no es el único. En la recta final de la campaña electoral en Brasil, adquirieron protagonismo un buen número de celebridades y candidatos extravagantes que se postulan a diputados y senadores.
La frivolidad consiste en tener una tabla de valores invertida o desequilibrada en la que la forma importa más que el contenido, la apariencia más que la esencia y en la que el gesto y el desplante –la representación- hacen las veces de sentimientos e ideas.
En Culiacán, en el 2013, el Partido Movimiento Ciudadano postuló a un payaso de nombre artístico Cometín, como candidato a diputado por el Distrito XIV con cabecera en la Ciudad de Eldorado, Municipio de Culiacán. La banalización de la política.















