elsoldesinaloa
Análisissábado, 9 de enero de 2021

Morena y “La Josca” … Similitud que Espanta

Orgulloso estaba el viejo ranchero del hato de ganado que había logrado formar y que cuidaba en su viejo corral del pueblito que lo había visto nacer y crecer.

Ocho vacas y un torete, eran suficientes para que el viejo Toribio Bacasegua escupiera por un colmillo, al considerarse un gran ganadero de la región.

Eran el corral y sus vacas, el gran orgullo de aquel hombrón cuya estatura era calculada muy cerca de los dos metros de altura. Jorobadón el viejo, y no ligero al caminar.

Para Silvestre, el único peón del rancho que auxiliaba a Bacasegua en las labores de pastoreo y ordeña de las ocho vacas y el torete, era hasta cierto punto divertido observar al viejo ranchero socializar con sus animales.

Y es que se podía decir que Toribio consideraba a su ganado como parte de su familia, al grado de identificar por nombre a cada una de las reses.

La pinta, la gacha, la corajuda, la cola loca, la colorada, la nanchi, la cacaragua y la josca, ésta última, se podía decir que era su consentida, dada la rentabilidad láctea que en sus mejores días proporcionaba en la ordeña.

Al torete lo bautizó como “el sacapuntas”, ya que al menor movimiento de la cola de una vaca, se mostraba listo para “darle su merecido”, como el viejo se refería al brinco del toro a su “consorta”.

Pero, como bien dicen por ahí, lo bueno muy aplaudido, suele convertirse en lo malo muy criticado, en el rancho se hizo evidente que “La Josca” no podría ser la excepción de la regla.

Así quedó registrado, cuando una fresca mañana de febrero el mes, en la puerta del corral se apersonó un vecino de Toribio, en cuyo rostro se mostraba “la cisca” (coraje-rabia-indignacion etc) que lo había hecho llegar hasta ese lugar.

Buen día Toribio… Buen día Bonifacia, fue su saludo personalizado, mientras con unas hojas de mata de guayabilla se espantaba los bobitos de los ojos, choquilosos, quizá por la mañaneada.

Buen día “Chiveto”; Y ese milagro que te dejas ver?, respondio el anfitrión del rancho.

“Pos mira, milagro no es, porque traigo razones suficientes para venir a verte, y hasta a la mejor ni me agradeces la venida a tu corral”.

Superado, el trance de la poco amable respuesta del visitante, Toribio solo atinó a preguntar; ¿Y si no es cortesía lo que te trajo al corral, que podrá ser entonces, buen hombre?.

Pues has de saber Toribio, que mi solarcito que tenía enmontado en el patio trasero de mi casa, lo limpié para sembrar ahí verduritas y elotitos pa´la tragadera de la familia.

“Estoy de eso enterado “Chiveto”… La semana pasada pasé por ahí persiguiendo un conejo y vide tu siembrita… Muy bien dados los rabanitos, tomatitos, cebollines y las milpitas ya jiloteando…Va estar buena la tragadera amigo”, respondió el ganadero.

“Si, mi estimado Bacasegua… Muy buena la tragadera, pero la que se dio esa vaca que estás ordeñando, y que según supe le dices “La Josca”.

Y la acusación de “Chiveto fue más allá, al agregar que; Aquí Silvestre tu ayudante sabe muy bien que no digo mentiras, porque él fue quien lazó la vaca y se la trajo a tu corral.

Y Silvestre, hombre de campo, criado con las viejas costumbres de no mentir, no robar y no traicionar, se vio en la necesidad de decir la verdad a su patrón.

“Pos usted sabe Don Toribio que a mí nunca me ha gustado ningunear la verdad, y lo que aquí el vecino dice ocurrió tal y cual”, expresó Silvestre.

“Pero señor Buenrostro, tanto mimo y consentimiento echaron a perder a la vaca. Se volvió “cerquera, bronca y matrera”.

“Varias veces se ha brincado el cerco del corral y se ha lanzado a pastar en los sembradíos vecinos, decía Silvestre, al ser interrumpido de tajo por Toribio

¡¡¡ Explicas mucho Silvestre!!!, gritó el viejo, ante la balconeada que le estaba dando su labriego.

El ganadero era hombre justo, honesto y con buen sentido de la responsabilidad, por lo que supo reconocer y cargar con los gastos de los daños que las tropelías de “La malagradecida “Josca” con sus actos de desobediencia y rebeldía había ocasionado en su entorno.

Yo diría que “La Josca vaya al rastro” Patrón, opinó Silvestre, mientras “encuclillado” escribía su nombre en el suelo con una vara, agregando que; Vaca que no da leche que no ensucie el corral”.

No, gritó Bonifacia, la vaca nos dio muchas satisfacciones, y creo que debemos perdonar su rebeldía y dejarla que siga en el corral hasta su muerte.

Las opiniones vertidas en este artículo son responsabilidad de quien las emite y no de esta casa editorial. Aquí se respeta la libertad de expresión

ÚLTIMAS COLUMNAS

Más Noticias