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Análisisjueves, 12 de marzo de 2026

Restaurantes en Culiacán: cuando la violencia también vacía las mesas

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Los restauranteros intentan resistir. Cambian menús, se enfocan en desayunos, recurren a plataformas digitales o ajustan sus costos para sobrevivir en un mercado cada vez más limitado. Pero la realidad es que no todos logran adaptarse a un escenario donde los clientes escasean y los gastos operativos siguen subiendo.

Paradójicamente, mientras algunos negocios locales luchan por mantenerse abiertos, llegan nuevas franquicias que ven en Culiacán una oportunidad de inversión. Para unos puede ser señal de confianza; para otros, una competencia aún más difícil en un mercado donde el consumo ya no alcanza para todos.

El problema de fondo es que la economía de una ciudad no puede prosperar en medio de la incertidumbre. Los restaurantes no solo venden comida; son espacios de encuentro social, generadores de empleo y parte esencial del tejido urbano. Cuando empiezan a cerrar, lo que realmente se apaga no es solo una cocina, sino una parte de la vida de la ciudad.

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