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Localsábado, 13 de julio de 2019

Antonio, apasionado hacedor de guitarras

El joven lleva nueve años en la reparación y creación de guitarras, un legado que le dejó su padre, y que él piensa heredar a su hijo

Martín Tamayo

Guitarras chicas y grandes son lo que más se observa. Sentado en su banca, Antonio platica cómo inició el gusto por arreglar guitarras que dan forma a las notas, dan vida a emociones y sentimientos en una fiesta, a través de lo que él hace.

Al fondo de su taller se puede apreciar una pequeña carpintería, ¿por qué?

GRAN SATISFACCIÓN

¿Cuál es tu más grande satisfacción de este oficio?

El que la gente llegue, toque con alguna guitarra de mi taller y me diga que son buenas, luego los invito a que observen cómo se hacen, que pregunten y se involucren en ello tocando una buena pieza musical.

¿Cómo es la mayoría de la gente que viene a comprar o arreglar alguna guitarra?

De todo un poco, la idea es que las entregues bien y que ellos te recomienden, por eso tengo muchos clientes ante todo músicos.

¿Como cuáles?

Los Nuevos Rebeldes, Los Intocables del Norte, Los Tigres del Norte, Jesús Ojeda, entre muchos más que van corriendo la voz y vienen a este humilde taller donde encuentran la solución a su guitarra.

Lo cierto es que la experiencia de Antonio le permite marcar la diferencia y garantizar calidad, porque considera que esto es un arte de hacer y reparar instrumentos de guitarra con mucho amor.

¿Cómo describes una guitarra?

La tapa es “el alma de la guitarra”, el varetaje “la clave de la sonoridad” y el brazo tallado a mano “define el estilo de cada constructor”, es una tradición que mantiene viva la alegría.

Las guitarras se construyen basándose en unos cánones calculados, pero con el tiempo el constructor deja en ellas su personalidad, como un poeta pone su alma en los versos.

"Este trabajo lo tienes que sentir y querer mucho, porque cualquier error es irreversible", afirma.

HERENCIA

¿Entre guitarra y guitarra aprendiste música?

Sí, mira... estoy escuchando al cantante Jesús Ojeda, que es bueno con el requinto, mientras trabajo, así mimo más la madera porque este es un trabajo sin prisas, el cliente es comprensivo porque sabe que si quiere una buena guitarra, tiene que esperar.

Lo que también es de admirarse, es que tiene una lista en espera tanto de músicos de Estados Unidos y el resto de la República Mexicana, que llegan a su taller para arreglar o comprar alguna de ellas.

¿Con qué guitarra has quedado más contento con el resultado?

¿A quién te gustaría tener como cliente para hacer una guitarra?

A todo aquel que aprecie mi trabajo, que tenga una idea clara de lo que quiere y que conecte musicalmente conmigo. Esta es la definición del cliente ideal.

¿Se está perdiendo lo artesano o la crisis ha hecho que vuelva a estar de moda?

No creo que se esté perdiendo. Creo que nunca se perderá, pero sí veo que evolucionamos y nos hacemos cada vez más tecnológicos, sobre todo los nuevos. Creo que es cosa buena.

¿Cómo podemos limpiar una guitarra?

Con agua y jabón (poco) y con productos de limpieza adecuados a su acabado. Debemos recordar que lo que limpiamos no es la madera, sino lo que la recubre, salvo en casos especiales sin ningún acabado. Es conveniente no dejar que se acumule la suciedad.

¿Influye el clima en un instrumento?

Sí, definitivamente. Al ser la madera un material poroso se ve alterada por la humedad y la temperatura. Una recomendación que siempre hago es no llevar y ni mucho menos dejar los instrumentos en los maleteros de los coches, hace estragos a veces muy graves.

¿Te ha llegado alguna vez al taller alguna guitarra irreparable y has conseguido encauzarla?

No hay nada irreparable en esto, pero hay que ver si merece la pena el esfuerzo.

¿Cuál es la mejor guitarra con la que has tenido que trabajar?

No lo sé, no me lo he preguntado nunca. Deben ser varias de esas “vintage” que realmente son espeluznantes y por supuesto las que he hecho yo, algunas de las cuales han resultado mejor de lo que esperaba.

¿Qué satisfacción te deja este trabajo?

Bueno, aparte de la económica, ver a la gente que les gusta el trabajo que hacemos, cómo dejamos sus instrumentos que traen a reparar y cómo se los fabricamos también.

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