El testimonio histórico de la peluquería "Escobar"
55 años de peluquero para don Jesús no parecen ser suficientes y dice que trabajará hasta que el cuerpo aguante
Jesús Verdugo │ El Sol de Sinaloa
Dos espejos grandes flanquean el cuarto azul, pósters de un Culiacán que solo recuerdan los mayores y pegados por todas partes billetes que perdieron su valor y monedas de otros países; un monumento a la nostalgia histórica.
Jesús era un niño de 12 años cuando decidió aprender el oficio de peluquero, trabajaba de bolero en el negocio de un familiar quien se ofreció a enseñarlo. Las clases eran de la vieja escuela: mira y aprende, si echas a perder; vuelve a intentar.
Comenzó a ganar más dinero y junto a las boleadas de sus trasquilados nuevos clientes, fue juntando dinero para pagarse sus gastos escolares. En medio año dominaba ya las artes estéticas y podía trabajar por su cuenta.
Los clientes se arremolinaban, dice don Jesús. Su nuevo patrimonio le servía a su vez de casa y peluquería, y con una ubicación privilegiada frente a la salida de la Central camionera; tenía un promedio de 60 clientes al día.
"Me faltaban manos para ganar más dinero, tenía 2 empleados y eran 3 sillones en total, y desde las 6 de la mañana hasta las 7 de la noche no parábamos" asegura, el peluquero.
Los hijos crecieron y tomaron caminos separados del oficio: una dentista y otro prefecto escolar. Lamberto sonríe al recordar sus intentos de adentrarlos en la peluquería como manera de ganarse la vida, pero aceptó la decisión de sus hijos y como siempre; los apoyó.
Llegó el nuevo milenio y una ruina inesperada para la zona. La Central de Autobuses se mudaba hacia el norte, y lo que fue una zona con vida propia se convertiría en restos estériles de un Culiacán ya extinto.
Jesús Lamberto resistió y lo sigue haciendo. 20 años de continuar contra las probabilidades y estadísticas, sus ojos han visto perecer sus vecinos negocios a causa del olvido económico del lugar y se dice afortunado por tener un patrimonio de respaldo.
La ruptura económica de la zona no logró apaciguar sus ánimos de trabajar, una pandemia; tampoco. Durante la cuarentena continuó trabajando a media cortina y con las debidas protecciones.
La peluquería "Escobar" es el testimonio viviente del paso del tiempo por Culiacán, un tesoro histórico que nos recuerda que nada superficial es para siempre; solo la voluntad y perseverancia logran trascender la hostilidad de la vida.
Lee más aquí ⬇

































