La vida pasa en los cruceros
Basta detenerse en un semáforo para toparse con historias que pasan desapercibidas
Jesús Verdugo │ El Sol de Sinaloa
En otras latitudes de la ciudad está la cara más triste del oficio, la explotación infantil. Niños indígenas haciendo malabares cuando aún no aprenden a leer. Pirámides humanas que tocan el corazón de los choferes pero todo se resume a una moneda.
La diversidad del espectáculo es grande; si pasas en el centro geográfico de Culiacán verás a unos jóvenes bailando breakdance en cada alto, ellos dicen que de ahí pagan sus viajes y su entrenamiento; una forma digna buscar oportunidades donde no las hay.
La próxima vez que, usted lector, haga un alto; deténgase a pensar en esas historias y como la vida de muchos se gana en 35 segundos.
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