Lindita, con oficio de sobadora que está en extinción
Herlinda Pérez decidió seguir los pasos de su padre curando personas
Irene Medrano I El Sol de Sinaloa
Los masajes se convirtieron en una tradición familiar que ha convertido en Herlinda, una de las “masajistas” más queridas de la comunidad.
SU HISTORIA
Originaria de Badiraguato, donde tiene su centro de trabajo, doña Lindita tiene cientos de pacientes de Culiacán, la buscan, van por ella. Su fama se extiende por gran parte del país y ha traspasado fronteras.
No le puedo dar una cifra exacta de cuánta gente he atendido, porque llenaría su libreta, pero vienen de todo el país y del extranjero.
Lindita
Sólo lamenta que “al señor Chapo nunca lo toqué. Un día le dije a su mamá, oiga, yo quiero que se doble aunque sea un dedito”.
Dice que la mamá del Chapo, doña Consuelo Loera, ha sido su paciente, “pero mi más grande deseo es conocerlo, estuve cerca, pero no se logró y si me invitaran a verlo a la cárcel con gusto lo haría”.
Al hablar de su trabajo, advierte que las cuerdas son las que se entiesan y los huesos son la estructura.
Nunca atiendo si traen una astillada. Es irresponsable tocar a alguien fracturado, eso es de doctor definitivamente. Lo que más vienen en busca de ayuda son niños y jóvenes con sus brazos pandos y se los enderezo.
Lindita
¡Voy a darle unos pequeños jalones a su pie...! le advierte a su paciente.
PROFESIONALISMO
Cuidadosa de sus clientes, no se toman fotos, porque para ella la privacidad es lo primero en su trabajo.
Esta tradición, va de generación en generación, por eso, lamenta que sus hijos ya no hayan querido seguir sus pasos. Sólo una hermana y un hermano se dedican a ejercer este oficio.
Lindita reconoce que su habilidad para sanar mediante el masaje es simplemente un don, pues nunca estudió para componer a “los pandos”.
Es técnica mezclada con fe, en partes iguales”, dice, palabras que se confirman con la imagen de Guadalupe al fondo de su “consultorio”, donde sólo se ve un camastro, donde los pacientes, gritan, hacen gestos, pero salen “derechitos.
Lindita
DEVOTA
Su fe es tan grande, que venera un madero seco, donde se aprecia la imagen de San Judas Tadeo. “Siempre he sido devota de San Juditas que se me apareció en este tronco y le hice su altarcito”.
“Sobar es como un albañil que endereza cosas, pero yo no uso pomadas, sino cremas para que no se me calienten las manos porque me puede hacer daño”, dice.
Lindita, la sobadora, señala que atiende de diez a quince pacientes; sobre todo, los domingos, sus servicios son más solicitados.
Hay días en que los pacientes son muchos y no la dejan descansar ni siquiera un rato; sin embargo, para la sobadora no es algo que le cause molestia, pues con ello está contribuyendo al descanso de las personas que buscan sentirse mejor.
“Sobar es como un albañil que endereza cosas, pero yo no uso pomadas, sino cremas para que no se me calienten las manos porque me puede hacer daño”. Lindita Pérez.
PACIENTES
De todo el país y hasta del extranjero llegan a su humilde hogar en Badiraguato, Sinaloa.
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