Economía y bienestar / El riesgo es para todos
Las opiniones vertidas en este artículo son responsabilidad de quien las emite y no de esta casa editorial. Aquí se respeta la libertad de expresiónAnte la idea que se ha difundido sobre la economía de los Estados Unidos como la más fuerte del mundo, la realidad es otra, ya que su supremacía en el mercado se ha diluido significativamente, ahora el crecimiento gravita en el continente asiático principalmente en China, cuyo crecimiento de su PIB ha sido de los más grandes y sostenidos durante mucho tiempo; lo anterior ha generado una caída en la percepción respecto a la fortaleza económica del país del norte, quien para tratar de mantener una posición dominante, ahora como en otras ocasiones recurre a prácticas poco éticas y completamente violatorias del derecho internacional, al tratar de autoproclamarse como el gran vigilante del orden en el mundo, el gran policía, ministerio y juez, llevándolo a terrenos preocupantes para el orden mundial, dado que en cada una de sus intervenciones, ha puesto la supuesta intención de abatir el terrorismo, cuando lo que sucede en realidad es que se posiciona como el principal país en practicarlo y difundirlo.
Sin embargo, necesita divulgar ideas con el aparente objetivo de combatir los actos terroristas, pero en realidad de lo que se trata es de agenciarse de aquellos recursos que son necesarios e indispensables para sus intereses, para que su economía crezca y pueda continuar moviéndose.
En este sentido, cuando se va perdiendo en todos los ámbitos, solamente queda un recurso, que implica revestir las mentiras en verdades, es decir, empezar a entretejer una serie de calificativos, con la clara intención de contar con plena justificación de una intervención completamente violatoria del derecho internacional, porque si del mercado de estupefacientes se trata, habrá que tener claro siguiendo las leyes del mercado, que toda oferta crea su propia demanda, y cuya principal demanda de estos productos se encuentra en el mercado de Norte América, que curiosamente, poco o nada se sabe sobre qué es lo que hace para contrarrestar dicho flagelo en aquel país.
El único recurso que le ha quedado y que va contra toda ideología democrática, es el fascismo, cuya postura implica una visión totalitaria y ultranacionalista, y que pone sobre relieve una sola visión del mundo. Esta actuación deja claro que las genuinas expresiones sobre la libertad, democracia y el bienestar, no sólo han quedado en un segundo plano, sino que en ningún momento han sido la motivación central de una intervención de un país sobre otro. En este sentido habrá que cuestionar sobre dónde queda el derecho internacional sobre el respeto a la libertad, la soberanía y las capacidades de decisión de los pueblos, cuando a todas luces lo que se ve es el asalto con un solo interés, que es el económico, es decir, Venezuela es el país con las mayores reservas de petróleo en el mundo, con 304 mil millones de barriles, que lo convierte en un botín jugoso para un Estado que no solamente lo requiere sino que lo necesita para poder sobrevivir, además de otros recursos como el litio o cualquier otro recurso natural.
Ante tal situación, dónde ha quedado el derecho internacional, como aquel conjunto de principios, normas y leyes que rigen las relaciones entre los Estados y otros actores internacionales, cuyo objetivo se orienta al resolver cualquier tipo de conflicto por las vías del diálogo, la paz, los derechos humanos y la cooperación entre países. Dichos principios quedan completamente rebasados y ante la intervención de un país con argumentos falaces, pone en riesgo cualquier otro país no solamente de América Latina, sino de cualquier parte del mundo. Por ello es necesario revisar con objetividad la eficacia con el que actúan los organismos internacionales para condenar y ordenar resarcir cualquier tipo de violación al derecho internacional por cualquier país, de no ser así, el riesgo latente estará en cualquier país del mundo, máxime si la motivación de la invasión o intervención se sostiene por un sofisma.