No se tiene una fecha exacta respecto a cuándo el poeta Francisco de Quevedo (1580-1645) expresó en su letrilla satírica: “Que, pues doblón o sencillo hace todo cuanto quiero, poderoso caballero es don Dinero” (aproximadamente 1620). Sin embargo, desde el análisis de la teoría monetaria, se ha abordado el tema del dinero desde una perspectiva no tan satírica, sino con el objetivo de comprender su naturaleza y usos, ya que en la dinámica actual muchas veces solo lo utilizamos sin conocer sus alcances y limitaciones.
Al respecto, se puede decir que el dinero es la forma como se transfigura el valor y, si el trabajo es la única fuente creadora de valor, es por tanto la forma en que el trabajo adquiere expresión monetaria, desde luego mediante alguna actividad productiva. El dinero, para su uso en la economía, cuenta con diversas funciones: es un medio que permite medir valores para facilitar el intercambio; es una unidad de cuenta que posibilita registrar el valor de bienes y servicios; permite diferir pagos, es decir, adquirir créditos y tener claridad en el proceso de liquidación; y también sirve para atesorar, especialmente cuando está representado en metales preciosos como oro o plata.
A lo anterior se suma una función de gran importancia a nivel mundial: contar con una unidad de medida para el intercambio internacional. Esto tiene que ver con el convencionalismo monetario, ya que los países, aunque poseen moneda propia, aceptan convencionalmente una divisa para el comercio global. Desde los años 70 se ha utilizado el dólar como moneda predominante en el intercambio de mercancías en el mundo. Aquí cabría preguntarnos qué está ocurriendo en la actualidad, cuando se registra una caída del dólar frente a otras monedas relevantes. Este fenómeno ha comenzado a reconfigurar el panorama internacional. En su momento se aceptó el dólar por ser la moneda de mayor circulación; pero con el paso de los años otras economías comenzaron a registrar superávits comerciales, acumulando grandes reservas de esa divisa, como es el caso de China y Alemania .Actualmente, la economía estadounidense reporta un déficit comercial cercano a los 840 mil millones de dólares. Entre los países con los que mantiene mayor déficit están México, Taiwán, Vietnam y China. Si se considera además la nueva configuración del comercio mundial, donde los BRICS tienen un papel cada vez más relevante e incluso impulsan mecanismos alternativos de intercambio, se abre la posibilidad de que exista una sobreoferta de dólares fuera de Estados Unidos, lo que podría generar depreciación, presiones inflacionarias y desequilibrios internos. Otro factor es que una parte significativa del mercado global está integrada por economías que buscan diversificar sus relaciones comerciales. Esto indica que el dólar, como moneda hegemónica del intercambio internacional, podría estar perdiendo parte del peso que tuvo cuando representaba el respaldo de una de las economías más fuertes del mundo. ¿Estamos ante una coyuntura que reconfigurará las condiciones del comercio internacional? Como ya lo advertía Quevedo: poderoso caballero es don Dinero.