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Si partimos de la idea de que México es un país que posee una pluralidad cultural que lo hace único entre los distintos países del mundo, es necesario tomar en cuenta que esta característica también permite identificarlo como un país diverso en tradiciones y expresiones culturales, muchas de ellas derivadas de su sistema de creencias; donde convergen grupos poblacionales con distintas prácticas religiosas así como de aquellos quienes no tienen alguna y se consideran no creyentes.
Es en este sentido, que al abordar un tópico asociado con la religión, debe imperar en todo momento la tolerancia y el respeto en el sistema de creencias de cada individuo, de forma que garantice a nivel social una coexistencia en un mundo tan plural. Lo que debe quedar claro es que tenemos un sistema político de gobierno en donde la laicidad está latente y es evidente como un principio que permite una clara distinción entre los asuntos gubernamentales y los asuntos que atañen al ámbito religioso.
Por ello, es fundamental refrendar el principio constitucional del Estado laico en México, que establece una absoluta separación entre la iglesia y el Estado, garantizando la neutralidad religiosa del gobierno, lo que quiere decir que en México no se tiene ninguna religión oficial. De tal manera que asegura la libertad para que todos los mexicanos puedan elegir su sistema de culto o de creencia religiosa, si así lo deciden.
Lo anterior se convierte en un punto importante para la convivencia a nivel social, considerando a la religión como un sistema cultural de creencias, comportamientos y prácticas particulares, que conforme a sus narrativas, símbolos y rituales buscan darle sentido a su vida dependiendo su concepción del mundo. Situación que es relevante, si se toma en cuenta que existen a nivel mundial más de 4 200 religiones activas, aunque más de tres cuartas partes de la población mundial practican alguna de las 4 más importantes que es el cristianismo, el islam, el hinduismo y el budismo.
Aunque en México, de acuerdo con la Secretaría de Gobernación en el año 2025, existían más de 10 000 asociaciones religiosas, que cubrían una gama importante de grupos religiosos; cabe aclarar que el INEGI, reporta de acuerdo al Censo del año 2020, que en México existen más de 249 grupos o sociedades religiosas registradas y reconocidas, en la que predomina el catolicismo con 97 millones de practicantes, seguido de grupos protestantes y evangélicos con 14 millones y una cada vez más creciente población sin religión con cerca de 10 millones; por otra parte en el mismo año de las 115 millones de personas que practicaban alguna religión o se identificaban como creyentes, 59.8 millones eran mujeres y 55.5 millones eran hombres.
Resulta más que evidente, que en nuestro país existe una riqueza de expresiones y manifestaciones culturales asociados a los rituales provenientes de distintas organizaciones religiosas, lo que hace importante resaltar la importancia del Estado laico, que garantiza una sana convivencia en la diversidad de las distintas expresiones religiosas que coexisten en nuestro país.
El Estado laico garantiza además de la sana convivencia, la no interferencia de ninguna organización o asociación religiosa en asuntos gubernamentales y por lo tanto de Estado, esta sana división genera entre otras cosas, que en períodos de asueto asociados a una semana con un perfil netamente religioso, cada quien sea libre de vivirlo de acuerdo con sus principios o sistema de creencias establecidos. Para algunos, no dejan de ser semanas de asueto que fortalecen la actividad turística de una manera significativa en el país, para otros no dejan de ser días de reflexión. Por ello, el Estado laico garantiza la sana convivencia entre la gran diversidad de creencias que existen en nuestro país, por tanto, sigamos fortaleciéndolo.