Economía y bienestar / Por nuestro bienestar y el de los demás
Las opiniones vertidas en este artículo son responsabilidad de quien las emite y no de esta casa editorial. Aquí se respeta la libertad de expresiónEn días recientes acabamos de vivir uno de los fenómenos astronómicos que se repite cada año, que es el solsticio de invierno, en el que se vive el día más corto del año y desde luego la noche más larga, este evento ocurre debido a que uno de los hemisferios de la tierra está más inclinado alejándose del sol en su órbita anual.
Esta condición que se presenta entre la luz y la obscuridad ha sido objeto de diversas interpretaciones importantes haciendo un punto de reflexión importante en la condición humana, el cual se toma como la esencia misma del ser humano, donde abarca todas sus experiencias, que le pueden suscitar miedos, interpretaciones y significados simbólicos en cada uno de los eventos que vive.
En este sentido, la vida moral del sujeto no solo se limita a las condiciones y eventos que vive, sino a la forma cómo los interpreta y le da significado a su existencia, es decir, la luz implica la toma de conciencia al valorar cada una de los eventos que vive, de tal manera que, la alegría, el sufrimiento, la libertad entre otros, sin embargo, hay un valor que se asume con mayor valía y cuya abstracción del mismo lo ha ubicado en la cúspide de los valores que llega a significar la vida misma, el amor, muchas veces poco entendido pero por muchos anhelado para la interacción con la naturaleza, con los diversos seres vivos en este plano así como con la sociedad en general.
Por otra parte no debemos negar, que vivimos una dualidad, con muchos matices entre uno y otro polo, entre la luz y la oscuridad, donde hay condiciones que nos van limitando la posibilidad de generar empatía y alcanzar algunos de los valores antes señalados. El ego, como ese exceso de auto importancia nos limita muchas veces a alcanzar la empatía con los demás, dado que es el punto de partida para asumir reacciones defensivas ante críticas hacia su conducta, afectando su bienestar emocional y la de su entorno, debido a que se desarrollan antivalores como: avaricia, ignorancia, arrogancia, egoísmo, deshonestidad, envidia entre otros.
Desde luego que cada uno de estos valores, todos en lo individual los experimentamos, de lo que se trata es que a partir del conocimiento y reconocimiento de nuestras vivencias nos permitamos darnos un tiempo para la reflexión y aprender a conducir cada una de nuestras energías a fin de buscar la mejor forma de convivencia que nos genere una realización con nosotros mismos y con nuestros semejantes, por ello, el momento de reflexión, es importante, pero también otro elemento que lo acompaña es a través del estudio, ya que el aprendizaje significativo que nos agenciamos enriquecen la conciencia de quiénes somos y hacia dónde queremos transitar, en este sentido el origen de las vivencias es destino que se construye para nuestro bienestar.
Volviendo al fenómeno del solsticio que acabamos de vivir, donde al tercer día de que éste se haya presentado, el sol renueva su trayectoria ascendente, lo que genera para muchos la interpretación del renacer del sol, de la luz que renueva y le da sentido la vida, de ese fuego interno que ilumina cada uno de los espacios, a cada uno de los seres vivos, de ahí su importancia. Es por ello que en estas fechas son propicias para la reflexión, debido a que cuando se conmemora la navidad, se toma como un momento para la paz, para las buenas intenciones, donde se renueva la esperanza de la importancia de vivir juntos y en armonía con todos los seres con quienes compartimos este tiempo y este espacio. Por lo anterior si estamos en este plano para amar y ser felices, este momento de renovación que sean nuestras intenciones en nuestra vida hoy y siempre, con ello sin duda alguna construimos nuestro bienestar y contribuimos a que lo alcancen quienes nos rodean, así sea.