Casa Sacerdotal brinda apoyo a seis parrocos; cuatro enfermos
Desde vivienda, atención médica y alimentos se les brinda a cada sacerdote retirado Tampico
“El trabajo es demandante, pero también muy gratificante. Con el tiempo uno se encariña con ellos, escuchas sus historias, sus experiencias como sacerdotes y aprendes mucho”, compartió.
La mayoría de los sacerdotes en retiro que viven en la Casa Sacerdotal son foráneos
El retiro es un reto: la historia del padre José Luis Cervantes
Hoy, aunque reconoce que la vida en la Casa Sacerdotal puede ser en ocasiones solitaria, también la describe como un espacio digno y tranquilo, donde recibe la atención necesaria para su bienestar.
Actualmente seis sacerdotes habitan la Casa Sacerdotal / Yadira Hernández, Vladimir Meza
En la colonia Jardines de Champayán, sobre la calle Jazmín, se encuentra un espacio poco conocido pero fundamental para la diócesis: la Casa Sacerdotal de Tampico, un lugar destinado al retiro y atención de sacerdotes que, tras años de servicio, enfrentan el desgaste propio de la edad o problemas de salud.
El encargado de este recinto, el padre Benjamín Alvizo Herrera, explicó que desde hace poco más de tres años asumió la responsabilidad por encomienda del entonces obispo de la diócesis, Monseñor José Armando Álvarez Cano. Su labor, señaló, se centra principalmente en garantizar condiciones dignas para sacerdotes mayores o enfermos que ya no pueden continuar al frente de una parroquia.
Padre Benjamín Alvizo Herrera, encargado de la Casa Sacerdotal de Tampico / Yadira Hernández
“El primer motivo por el que pueden llegar a la casa es por la edad. Cumpliendo 75 años por derecho canónico tienen que renunciar. Depende del párroco, depende del obispo, si siguen siendo encargados de una parroquia; algunos continúan, a otros se les toma la renuncia según sea el caso de su salud, dependiendo de su condición”, dijo.
De acuerdo con el derecho canónico, los sacerdotes deben presentar su renuncia al cumplir 75 años. Sin embargo, la decisión de continuar o no en funciones depende de su estado de salud y de la determinación del obispo. En otros casos, incluso sin alcanzar esa edad, algunos presbíteros deben retirarse debido a padecimientos que les impiden desempeñar sus actividades pastorales.
Actualmente, seis sacerdotes habitan la Casa Sacerdotal. Cuatro de ellos, José Luis Cervantes, Leopoldo Espinosa, Joel Ananís y Elías González,se encuentran en retiro por edad, mientras que José Francisco Elino y Guadalupe Niñoresiden en el lugar debido a problemas de salud, aun sin haber cumplido los 75 años.
Desde habitaciones, atención médica, comida y espacios terapéuticos son algunos de los servicios que se brinda / Vladimir Meza
El recinto cuenta con habitaciones, alimentación diaria, sala, comedor y cocina, así como una capilla para la oración personal. Las actividades litúrgicas comunitarias se limitan por el estado de salud.
Entre sus instalaciones se encuentran una alberca, utilizada ocasionalmente con fines terapéuticos, además de un amplio salón con capacidad para más de 100 sacerdotes, donde se realizan reuniones diocesanas.También existe un área de convivencia conocida como “La Palapa”, donde regularmente se reúnen sacerdotes para compartir momentos fraternos.
Entre sus instalaciones también se encuentran una alberca, utilizada ocasionalmente con fines terapéuticos / Vladimir Meza
“La casa sacerdotal cuenta con todos los servicios necesarios para atender a cada uno de los padres que lo requieran, cuidándolos con las atenciones necesarias para su bienestar; la atención médica se brinda todo el día, ya que algunos requieren de más apoyo para sus cuidados”, explicó el encargado.
Uno de los aspectos más destacados es la atención médica, que se brinda las 24 horas del día. Aquellos sacerdotes que requieren cuidados especializados reciben asistencia de enfermería permanente. Tal es el caso de residentes con condiciones delicadas, quienes dependen de monitoreo constante y apoyo en sus actividades diarias.
El enfermero del lugar desde hace más de un año, Alan Gustavo Castillo Reyes, detalló que entre sus funciones se encuentran asistir en la higiene personal, alimentación, movilidad y administración de tratamientos. Algunos pacientes requieren cuidados intensivos, como terapias recurrentes y control estricto de signos vitales.
Alan Gustavo Castillo Reyes, enfermero de la Casa Sacerdotal de Tampico / Vladimir Meza
La mayoría de los sacerdotes no son originarios de Tampico, sino de estados como Jalisco o Guanajuato, sin embargo, al haber desarrollado su labor pastoral en la región, mantienen un fuerte vínculo con la comunidad, pues reciben visitas frecuentes de feligreses y grupos apostólicos que, además de compañía, aportan donaciones como alimentos y artículos de cuidado personal.
El sostenimiento de la casa corre a cargo de la diócesis, gracias a las aportaciones de la comunidad, principalmente a través del diezmo y otras actividades. Incluso, existe la posibilidad de que grupos organizados visiten el lugar, previa coordinación, para convivir con los sacerdotes y brindar apoyo.
La Casa Sacerdotal de Tampico cuenta con capilla / Yadira Hernández
En cuanto a su capacidad, actualmente cuenta con seis habitaciones ocupadas, aunque se encuentran en proceso de construcción tres más, con miras a ampliar el espacio a 12 habitaciones en el futuro. Esta casa es, hasta ahora, la única en su tipo en Tamaulipas.
Para quienes habitan este lugar, la transición no siempre es sencilla. Uno de los residentes, padre José Luis Cervantes, , relató que tras una vida activa en el ministerio, adaptarse a un ritmo más tranquilo y a una convivencia reducida representa un reto.
Recordó que ingresó al seminario en 1958, con una formación desde la secundaria, para posteriormente continuar con estudios de filosofía y teología en el extranjero, donde se incluye una etapa en Roma. Su trayectoria, como la de muchos otros, está marcada por décadas de servicio a la comunidad.
Padre José Luis Cervantes, uno de los residentes de la Casa Sacerdotal / Vladimir Meza
La Casa Sacerdotal de Tampicorepresenta así no solo un lugar de retiro, sino un acto de reconocimiento hacia quienes dedicaron su vida al servicio religioso, brindándoles cuidado, acompañamiento y dignidad en una etapa en la que más lo necesitan.