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Localdomingo, 24 de febrero de 2019

¿Contaminación industrial en el ejido Chilpancingo?

Vecinos desconocen el origen de los desechos, pero al igual que activistas de California sospechan que son escurrimientos de las maquiladoras ubicadas a lo largo del arroyo Alamar

Karina Torres y Daniel Ángel

Tijuana (OEM).- En los alrededores del ex ejido Chilpancingo, cerca de la zona industrial de Otay y del río Tijuana, corre agua de colores.

“Ha habido ocasiones en que viene el agua de colores, parece arcoíris”, cuenta Luz Elena Félix, habitante de la zona y promotora comunitaria.

Como ella, otros vecinos desconocen el origen con certeza, pero al igual que activistas de California sospechan que son escurrimientos de las maquiladoras ubicadas en lo alto de la zona habitacional y a lo largo del arroyo Alamar.

Platica que candidatos que llegaron a cargos públicos y autoridades de Protección Civil han visitado el lugar, pero el problema sigue y se agrava cuando llueve.

“No llegaron al origen (…), eso se paró o se taponeó. Estuvimos de acuerdo. Los que no estén cumpliendo con leyes y reglamentos simplemente que se taponeen”.

El paso de agua que baja por la zona industrial cruza las calles de colonias como el ex ejido Chilpancingo y Campestre Murúa para llegar al arroyo Alamar. Se mezcla en el río Tijuana y termina en la costa que Baja California comparte con California en los Estados Unidos.

“Agentes fronterizos han sufrido quemaduras por químicos o por tóxicos al tener contacto con algunas de estas aguas”, comenta la directora del programa costero y marino de la asociación Costa Salvaje.

Las dudas de habitantes y ambientalistas se sostienen en parte en la historia misma del ex ejido Chilpancingo, donde las primeras casas fueron habitadas por trabajadores del sur del país que alimentaban la naciente Ciudad Industrial Nueva Tijuana en los años setenta.

Su directora Carmen Escamilla dice que en una lluvia reciente se inundó el plantel y estuvieron semanas esperando que las autoridades limpiaran el lodo de la calle diseñada para canalizar la corriente.

“Hay ocasiones en que los niños no pueden ni pasar porque el agua abarca toda la calle”. Desde hace apenas un año que llegó a la escuela conoce parte del problema que se vive en la zona.

Un problema de origen

Celia Espinoza, vive allí desde hace 15 años y asegura que pasa mucho tiempo antes de que las autoridades se lleven lo que el agua arrastra hasta sus casas.

“Aquí quisiéramos tener bien bonito, pero no se puede porque no vienen a limpiar”, externa junto a un pequeño puesto de dulces muy cerca de donde todavía hay huellas del arroyo que dejaron las lluvias.

Las tres conexiones irregulares que encontraron pudieron ser de empresas que se ampliaron y recurrieron a obras improvisadas para descargar agua pluvial.

Sostiene que no tiene por qué haber descargas contaminantes por procesos de producción. En la zona de Otay, dice, hay unas tres empresas que “deben hacer tratamientos especiales antes de desechar esas aguas”.

Durante los estudios, añade, también hallaron empresarios conscientes de la responsabilidad ambiental que se enlistan en programas de gobierno, pero autoridades e investigadores se concentran más en observar lo laboral y lo económico.

Sin información oficial sobre el tema

En el Comité de Playas Limpias de Tijuana, integrado por dependencias de los tres niveles de Gobierno, también son más las preguntas que las respuestas.

La razón, según el documento, es un proceso abierto por la norma “que establece los límites máximos permisibles de contaminantes en las descargas de aguas residuales en aguas y bienes nacionales”. Estas aguas lucen turbias.

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