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Localviernes, 19 de julio de 2019

Juan, agradecido y con esperanza

Después de ver a Juan en un video publicado por El Sol de Tijuana, Eduardo contactó a este diario para ver la forma poder ayudarlo

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Crisstian Villicaña

Se dice que en los momentos de brillo es cuando más nos vemos rodeados de personas, mientras que aquellos en donde la obscuridad se hace presente solo quedan los que siguen fieles a una amistad, sin importar cuáles sean las circunstancias ahí están, presentes cuando todo parece perderse.

Algo así le pasó a Juan Zermeño, originario de Guadalajara que vivió gran parte de su vida en Estados Unidos para luego ser deportado a Tijuana el pasado 2018, lo que le llevó a vivir algunos días en albergues migrantes y otros en las calles de la ciudad; siendo él mismo el que nos narra su historia.

"Duermo en la calle, en la banqueta, aquí tengo mis cosas, ahí duermo, donde me da la noche realmente. Antes era cada día la muerte aquí, ahora ya me empiezo acostumbrar, pues es mi país aquí ¿verdad? a lo mejor hay algo que hacer aquí", señala.

VIEJAS AMISTADES, NUEVAS ESPERANZAS

Don Juan no imaginaba que la vida le iba a sonreír a través de amistades que forjó en la adolescencia en su natal Guadalajara. Amigos que luego de ver un vídeo de este diario en donde Juan cuenta su historia, buscaron la forma de contactarlo para ayudarlo tras ver la situación que atraviesa; uno de ellos es Eduardo Hernández Villa, quien nos platica.

Fueron alrededor de 32 años los que le perdieron la pista a Johny, como le dicen de cariño. Los amigos que tiene Eduardo en Estados Unidos tampoco sabían nada, solo que se había ido a Hawaí, pero desconocían si vivía o qué estaba haciendo de su vida.

Fue tanto el tiempo que no supieron de Juan que al momento que vieron el vídeo de su entrevista no lo reconocieron a primera vista, narra Eduardo que tuvo que ver el clip en varias ocasiones, incluso pausar la imagen y ampliarla para corroborar que era su viejo amigo.

Eduardo decidió contactar al Sol de Tijuana para ver la forma de encontrar a Juan y poder ayudarlo, hecho que a los pocos días se pudo dar gracias a que el equipo de redacción pudo localizarlo y establecer el enlace, un contacto que se convertiría en una luz de esperanza.

"Con lo poco que le estamos ayudando ojalá que le sirva para cuando menos meterse al albergue a dormir, que coma algo más decente, ojalá que le sirva y que le aproveche bien", concluyó.

"Ha sido muy duro, muy duro, pero pues uno tiene que hacer todo lo posible por seguir, la vida sigue, hasta que el señor nos la quite", concluyó.

UNA LABOR CONSTANTE

Así como Juan, hay cientos de personas que deambulan por las calles de la ciudad, algunos por falta de un hogar, muchos otros adictos alguna droga, mientras que otra parte padece de alguna enfermedad mental, muchas veces ocasionada por la adicción.

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