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Localviernes, 4 de marzo de 2022

Punta Bandera es el dolor de cabeza

Esta planta derrama más de mil litros por segundo sin cumplir con la normativa vigente

Eduardo Jaramillo Castro / El Sol de Tijuana

Hoy el sistema ha sido rebasado por el crecimiento exponencial de la ciudad, la falta de inversión para modernizar y mantener las planta tratadoras, particularmente Punta Bandera, así como descargas clandestinas por los arroyos y viejas tuberías colapsadas

El problema de hace 40 años vuelve a estar presente.

La Planta Binacional y Punta Bandera iniciaron operaciones en 1988, para tratar el agua residual antes de ser descargada al mar. La primera del lado estadounidense, la segunda del lado mexicano.

“Se tiran como mil 700 litros por segundo, es un río de caca”, denunció.

Agregó que el problema se ha agravado con el paso de los años, dañando el ecosistema marítimo de la costa de Baja California, y cuando la corriente es fuerte de sur a norte, traspasa la frontera y llega hasta las playas de Coronado en San Diego, California.

“El 95% de los cierres de las playas en San Diego es por los escurrimientos de las aguas negras en el Río Tijuana y Punta Bandera”, agregó.

El encargado de despacho de la Dirección de la Comisión Estatal de Servicios Públicos de Tijuana (CESPT), Jorge Enríquez García, dijo que la planta “está operando para un gasto de mil 100 litros por segundo, pero estamos incumpliendo con la calidad”.

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PROPUESTA EN BC

La CESPT, encargada de operar la planta Punta Bandera, lanzará este año una licitación pública para su rehabilitación bajo el esquema de Asociación Público Privada (APP), y la participación de Banobras con 269 millones de pesos a fondo perdido.

“Pagaríamos dos pesos por metro cúbico tratado de agua residual. El proyecto de construcción sería en dos años y el contrato por 20 años”, detalló Jorge Enríquez.

Mientras eso inicia, continúan derramándose más de mil litros de agua residual sin el tratamiento adecuado.

Jorge Enríquez García abundó que la obra sería en dos etapas, iniciando con dos módulos de 400 litros por segundo cada uno, para después ampliar hasta mil 200 litros por segundo, que se terminaría en el 2024.

Al ser cuestionado si esta capacidad sería suficiente ante las estimaciones de que el derrame de agua sin tratar es mayor, respondió que eso es porque incluyen el agua tratada que llegaba de las plantas La Morita y Arturo Herrera, que sí funcionan bien.

Esta APP sería el tercer proyecto que busca resolver el problema del derrame de aguas negras sin el tratamiento adecuado al mar, tras dos iniciativas fallidas.

La directiva de la organización Costa Salvaje, Fay Crevoshay, dijo que nadie quiere invertir en el drenaje porque “no es algo que se pueda presumir mucho o lucir. Para eso nunca hay dinero”.

Para el ingeniero Rúben García Fons, el problema de saneamiento de las aguas negras no debería ser un problema de inversión en el sistema hidráulico de la ciudad, sino la atención a un problema de salud pública.

“En Los Laureles puedes ver cómo los niños migrantes juegan con las aguas negras”, en el cañón del Alacrán, dijo.

La falta de un sistema de saneamiento puede traer enfermedades como el cólera, que hace dos años mató a miles de personas en el Congo, mencionó.

OTRA SALIDA

“Actualmente hay una planta que falla constantemente y el agua va a dar al Río Tijuana del lado de Estados Unidos porque está más arriba”, dijo.

Añadió que esta nueva planta hará un pretratamiento antes de enviar el agua a Punta Bandera y expuso que la topografía de Tijuana dificulta el sistema de drenaje, ya que el cauce natural lleva todos los escurrimientos hacia Estados Unidos.

Punta Bandera está ubicada en una parte alta cerca del mar, así que toda el agua residual que llega a la planta debe ser bombeada, generando un alto costo por el uso de energía eléctrica, además del mantenimiento que debe recibir el equipo de bombeo, añadió.

“Los técnicos le llamamos contra natura, porque no va de acuerdo con la naturaleza, son muy costosos de operar porque las bombas no paran las 24 horas de los 365 días del año, y la energía cada vez cuesta más”, apuntó Espinoza Mora..

Reveló que ambos gobiernos trabajan para instalar la nueva planta en un punto bajo para después descargar las aguas al mar.

De esta manera Estados Unidos se evitaría la contaminación que provoca el mal funcionamiento de un sistema que rompe el flujo natural del agua en terreno mexicano.

DESCONFIANZA BINACIONAL

La nueva planta estaría en territorio estadounidense para tratar las aguas residuales de Tijuana y podría ser construida cerca de donde se encuentra la Planta Binacional que hoy trata mil 200 litros por segundo, comentó el representante de la CILA en la ciudad.

“En este momento se está diseñando de qué tamaño va a hacer y dependerá cuál será su proceso para determinar el costo”, añadió.

Para el ingeniero Rubén García, el que Estados Unidos quiera hacer las obras para el tratamiento del agua en su territorio “se justifica y se entiende porque no le tienen confianza a las autoridades en cuanto al tratamiento del agua”.

Opinó que aquí en México no hay continuidad en los proyectos porque después se abandonan y no reciben mantenimiento.

Y consideró que aunque haya un nuevo proyecto, la rehabilitación de Punta Bandera debe seguir adelante, pues necesita ser atendida toda la zona que comprende playas de Tijuana y sus alrededores.

En la ciudad de Tijuana, hay otras dos plantas tratadoras de aguas negras de menor capacidad, La Morita y Arturo Herrera, que funcionan con un sistema más moderno a base de luz ultravioleta, según información pública de la CESPT.

El encargado de despacho de la paraestatal dijo que cada una de estás plantas tratan alrededor de 400 litros por segundo cada una.

En el 2012, el gobierno del estado lanzó el programa “Línea Morada”, un proyecto para reuso del agua tratada en sitios como parques públicos y camellones que quedó inconcluso, recordó.

El agua potable debe ser bombeada a un costo elevado por el gasto de energía eléctrica desde el Río Colorado, a 125 kilómetros de distancia, para llegar hasta esta ciudad y terminar en el Océano Pacífico.

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