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El cierre del torneo Clausura 2026 de la Liga de Expansión MX no solo es emocionante; también es un momento que pone a prueba la verdadera dimensión de los Coyotes de Tlaxcala. Hoy, la jauría se encuentra en esa delgada línea donde la ilusión de la liguilla convive con el riesgo real de quedarse fuera.
A falta de tres partidos, el panorama es tan prometedor como incierto. Sí, el equipo llegó a escalar hasta la cuarta posición tras su triunfo ante Dorados de Sinaloa, pero la realidad del torneo —competido, apretado y sin margen de error— lo ha colocado ahora en el sexto sitio. Y en esta liga, estar dentro no significa estar seguro.
Lo más preocupante no es la posición actual, sino la presión que viene desde atrás. Los equipos ubicados entre el cuarto y décimo lugar aún tienen aspiraciones y empujan con fuerza, lo que convierte cada jornada en una batalla directa por la supervivencia futbolística. En este contexto, ya no hay espacio para especular: Tlaxcala está obligado a sumar, y de preferencia, de a tres.
Con 18 puntos, Coyotes ha construido un torneo aceptable, pero no suficiente para relajarse. La cercanía de rivales como Tapatío —que acecha peligrosamente en la tabla— obliga a mirar el calendario con seriedad. El partido pendiente entre ambos no será uno más: puede ser un punto de quiebre en las aspiraciones de la jauría.
Más allá de los números, hay señales que invitan a la reflexión. El equipo no ha mostrado su mejor versión en los últimos encuentros. Incluso en casa, donde había construido una fortaleza respetable, ha tenido dificultades para imponer condiciones cuando el rival se encierra y apuesta por el error. El duelo ante Dorados fue un claro ejemplo: un planteamiento defensivo bastó para incomodar a un equipo que, por momentos, careció de variantes ofensivas.
También pesa el bajón individual. Christian de Oliveira, quien llegó a ser referente en el ataque, ha perdido contundencia en el momento más importante del torneo. Su sequía goleadora en los últimos partidos no solo afecta las estadísticas personales, sino el funcionamiento colectivo de un equipo que necesita de su mejor versión.
Sin embargo, no todo es incertidumbre. Este Coyotes ya no es aquel equipo menor que se conformaba con competir. Ha dado pasos firmes para consolidarse, especialmente en casa, donde ha sabido imponer condiciones y recuperar esa mística que lo hacía temible. Hoy, más que nunca, necesita reencontrarse con esa identidad.
El cierre del torneo será, en esencia, un examen de carácter. Visitar a Morelia y cerrar ante Venados no serán trámites; serán finales anticipadas. Y aunque las matemáticas aún dejan margen, la realidad es clara: una victoria y al menos un empate podrían ser suficientes, pero confiarse sería el peor error.
Coyotes tiene en sus manos su destino. La liguilla no es un regalo, es una conquista. Y si algo ha dejado claro este torneo, es que solo los equipos que entienden la urgencia del momento son capaces de trascender. La pregunta queda en el aire: ¿está la jauría lista para dar ese paso?