Los avatares de nuestro tiempo / Los riesgos globales y las agendas de políticas públicas
Los riesgos tanto globales como locales demandan políticas innovadoras. El liderazgo visionario con el que se conduce México podría transformar estos desafíos en oportunidades para una resiliencia sostenible.
Las opiniones vertidas en este artículo son responsabilidad de quien las emite y no de esta casa editorial. Aquí se respeta la libertad de expresiónEl mundo enfrenta problemas compartidos. Uno —quizá de los más importantes— está relacionado con la falla generalizada de vincular información y evidencia con la toma de decisiones en política pública. La información se constituye como recurso de tipo ideal que debe sustentar la toma de decisiones en el diseño de políticas. Empero, en una era de la posverdad parece que la información y los datos —por ejemplo, en lo relacionado con el cambio climático— influyen marginalmente en la toma de decisiones. Ha ocurrido así en los últimos años —en buena medida— por la influencia del pensamiento dominante actual en EUA, el cual es incluso negacionista de los problemas públicos más importantes para el mundo.
Por esa razón la publicación, difusión y análisis de la información relacionada con el estado del mundo, resulta primordial para mejorar las condiciones para el desarrollo, sostener la estabilidad internacional, avanzar en la consecución de un estado permanente de paz y proteger el equilibrio medioambiental. Al respecto, se publicó el Informe de Riesgos Globales 2026 (Global Risks Report 2026) elaborado por el Foro Económico Mundial (WEF), un análisis exhaustivo de las amenazas que enfrenta el mundo en un contexto de incertidumbre. El Global Risks, en esta edición de 2026, identifica un panorama caracterizado por la “era de la competencia”.
La observación es fundamental porque se sostienen a partir de la notable confrontación geoeconómica. La competencia comercial y los conflictos regionales con posibilidad de escala se constituyen como el principal riesgo a corto plazo. Además, otros riesgos en buena medida asociados con la hiperactividad digital están relacionados con la desinformación y difusión de información falsa. Estos, junto con la polarización social y los fenómenos meteorológicos extremos, son riesgos en el corto plazo. A largo plazo (diez años), los riesgos ambientales, como la pérdida de biodiversidad y el colapso ecosistémico, predominan, junto con las consecuencias adversas de la inteligencia artificial (IA) y la inseguridad cibernética.
El trabajo del WEF subraya la interconexión de estos riesgos globales. Son —a todas luces— problemas complejos que se relacionan con factores como la desigualdad económica y la desaceleración global que agravan las consecuencias de éstos. Por ello el emprendimiento de acciones para solucionarlos, contenerlos, controlarlos, mitigar los riesgos o reducir su impacto es de una importancia de primer orden y debe convocar a los gobiernos de todos los países para conformar agendas de políticas públicas conjuntas.
No obstante, en un mundo multipolar y fragmentado, las soluciones conjuntas con el multilateralismo en crisis parecen una quimera. Aunque la información sobre los riesgos globales ha sido consistente, la conformación de agendas de políticas públicas conjuntas no lo ha sido tanto. Por ejemplo, la Agenda para el Desarrollo Sostenible (con la fecha límite del año 2030) tendrá que actualizarse a partir de información generada en el mundo —como informe del WEF— y responsabilizar en serio al mundo en general. Lo cierto es que la información presentada en el informe actúa como un llamado a la acción para los decisores públicos. Como lo he argumentado en otras ocasiones: su vinculación con las agendas de políticas públicas es evidente y es responsabilidad de los gobiernos integrar estos riesgos en sus estrategias nacionales para fomentar resiliencia y cooperación internacional.
Los riesgos identificados por el WEF pueden ser una fuente de información confiable que abone al diseño con base en evidencia de las políticas públicas. A corto plazo, la confrontación geoeconómica —definida como el uso de herramientas económicas para fines geopolíticos, como aranceles y sanciones— refleja tensiones entre grandes potencias. Por ejemplo, en Estados Unidos, bajo la administración Trump en su segundo mandato, las políticas proteccionistas, como los aranceles ampliados sobre importaciones chinas, responden directamente a este riesgo, priorizando la seguridad económica nacional sobre la integración global. Esta agenda, aunque fortalece la resiliencia interna, genera presiones inflacionarias que se propagan a economías dependientes, como Canadá y México, ilustrando la interdependencia de las políticas públicas.
En contraste, China ha respondido a estos riesgos mediante políticas de autosuficiencia tecnológica y económica, como el plan “Made in China 2025”, que busca reducir la vulnerabilidad a interrupciones en cadenas de suministro. Aquí, la agenda pública integra riesgos como la inseguridad cibernética y la escasez de recursos naturales, promoviendo inversiones en IA y energías renovables. Sin embargo, esta aproximación unilateral agrava la fragmentación global, como advierte el WEF, al erosionar el multilateralismo.
En la Unión Europea (UE), las políticas públicas se alinean más con riesgos a largo plazo, como los ambientales y tecnológicos. Destacan algunas regulaciones como el Reglamento General de Protección de Datos (GDPR) y la Ley de IA que mitigan la desinformación y las consecuencias adversas de la tecnología, fomentando una gobernanza ética. Estas iniciativas demuestran cómo los riesgos globales pueden catalizar políticas integrales, aunque enfrentan desafíos en su implementación, como la resistencia de estados miembros con economías dependientes de combustibles fósiles.
En América Latina, la vinculación es más heterogénea y frágil. Las agendas reflejan una tensión entre prioridades inmediatas y estructurales, donde la cooperación regional, a través de mecanismos como el Mercosur (Sudamérica) o la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), podría fortalecer la resiliencia, pero enfrenta obstáculos geopolíticos.
Para el caso de México, los riesgos globales también son consideraciones relevantes. Las políticas públicas mexicanas actuales, de hecho, ya atienden oportunamente estos riesgos mediante estrategias de seguridad y bienestar social. En el corto plazo, la atención de estos riesgos globales aplicados en el contexto de México deberá orientarse para controlar eventos como la confrontación geoeconómica, especialmente en el bloque regional de Norteamérica. En adición, a largo plazo, la integración de riesgos ambientales, como fenómenos meteorológicos extremos, será fundamental para la agenda de políticas públicas.