Retahíla para cinéfilos / Butterfly y el último maratón para no llegar en ceros a los Oscar
Las opiniones vertidas en este artículo son responsabilidad de quien las emite y no de esta casa editorial. Aquí se respeta la libertad de expresiónEn el afán un poco neurótico, hay que admitir, de no llegar en ceros a los Oscar, se acerca inevitablemente el miedo moderno a quedarse fuera de algo, en este caso de las conversaciones cinéfilas del próximo lunes. Querer ver todas las películas nominadas de las 24 categorías es un poco ridículo, pero también lo es dedicar una tarde entera a ver un programa de premios del que, en realidad, no se conoce casi nada.
Así que, entre la dignidad cinéfila y la terquedad, decidí intentar ver la mayoría. En esta odisea, descubrí que la categoría de Mejor Cortometraje Animado es uno de los rincones más fascinantes de los Oscar porque cuenta con verdaderos artistas, muy a lo Vicente Huidobro, quien sostenía que “cuando el adjetivo no da vida, mata”.
Un ejemplo perfecto de ello es Butterfly, un cortísimo filme con un relato profundamente significativo con una propuesta visual de enorme belleza. El cortometraje cuenta la historia de Alfred Nakache, un nadador de origen judío-argelino que alcanzó récords importantes en su disciplina. Pero su vida, como la de tantas personas en el siglo XX, se redujo por la tragedia de la guerra.
Nakache fue perseguido por el régimen nazi y arrestado junto con su esposa Paule y su hija Annie al ser denunciado por un competidor rival, en el contexto de las leyes antisemitas del régimen de Vichy. Tiempo después, logró regresar a la competencia después de la guerra e incluso participó en los Juegos Olímpicos de Londres de 1948.
El cortometraje dirigido por Florence Miailhe narra esta historia con óleo sobre cristal, un diseño fascinante en el que cada fotograma parece un cuadro en movimiento. Los colores vibrantes acompañan los años luminosos de la infancia del protagonista, mientras que tonos cada vez más apagados y sombríos invaden la pantalla conforme la historia avanza hacia los años de persecución y guerra.
También hay un trabajo sonoro sorprendentemente delicado, especialmente en efectos narrativos como un chapoteo del agua, las respiraciones o los pasos. A esto se suman múltiples simbolismos asociados a animales que acompañan el viaje emocional del protagonista.
Me conmovió tanto el corto como su trasfondo, porque mientras Hollywood discute sobre presupuestos de cientos de millones de dólares, en algún estudio pequeño del mundo hay alguien pintando cuadro por cuadro una historia que cabe en 14 minutos y que puede quedarse en la mente sin vigencia.
Por todo ello, Butterfly se consagra como uno de los cortometrajes animados más notables del año; si se lleva el Oscar, será un triunfo merecido, y si no, seguirá siendo una obra maestra para ver hoy y no llegar a la noche de los Oscar diciendo “no he visto ninguna, pero dicen que está buena”, que en el fondo es la verdadera pesadilla de cualquier cinéfilo.