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Tlaxcala3 de abril de 2025
Análisisjueves, 20 de marzo de 2025

¡Voracidad!...

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¡Voraces!... ¡Insaciables! ..., eso resultan quienes por “angas o mangas” mueven a la burocracia judicial de Tlaxcala −¡cuando veas las barbas de tu vecino rasurar, echa las tuyas a remojar!−. Ahora encontramos un cambio para bien en un elevado porcentaje de esos personajes, ¡ya les cayó el veinte!, ¡pero hay muchos voraces!..., que no se conforman con su nómina, y buscan encajarle la uña al abogado (este solo traslada el “gasto” al justiciable, que es el perdedor final).

Ese “Poder Judicial” del Estado confrontará en junio, una elección histórica −jamás pensaron que llegaría−, pero llegó y si resulta favorable, y se eligen jueces justos y probos los intereses de las mayorías, habrán triunfado y se mandará un mensaje a las democracias del mundo, de que el rumbo puede corregirse.

La “definición” de lo que “corresponde a cada quien” es de histórica importancia; hay un pueblo cansado de aquellos intocables y abusivos que no quieren el cambio. Aunque mucho me temo, que vamos a una “elección de estado”. Con sólo leer las listas de los que van a las urnas, encontramos a los favoritos del Poder y que seguramente en complicidad con el árbitro electoral −y su acostumbrado proceder nebuloso− no resistirán la tentación de prestarse a una componenda que sea para mal y se llegue a resultados no deseables.

Dictar una sentencia es nada menos que definir los intereses y la vida. Por eso, en la actuación judicial debe corregirse lo “torcido”. Es un sueño que la “palabra” de la ley, sea diáfana y justa. Como esto por siglos no ha sido así, ahora nos llenamos de ilusiones.

Hace años, un juez me dictó una sentencia contraria a derecho, y al reclamarle me dijo: “¡lo siento, esa es mi determinación si no estás conforme, acude a la apelación y al amparo!”. En otra, un magistrado me visitó hasta mi despacho para concientizarme: ¡“la vamos a perder señor licenciado”! y efectivamente, él la perdió porque yo afortunadamente la gané en el amparo.

Pero los ciudadanos, ahora estamos sometidos al bombardeo publicitario electoral, hay llamadas y sonrisas, activismo, de “los quieren ser”, “de los que ya han sido”, “de los preferidos del Poder”, pero todos ellos “quieren más”. Porque −“tienen maestrías, doctorados y mucha experiencia”, ¡“nadie los supera”!−. Estas elecciones son un intento histórico que beneficiará a un pueblo que anhela la justicia desde hace siglos.

Pero tanto esfuerzo deseamos que no se convierta en “atole con el dedo” y resulté una “elección de cuates” donde triunfen los preferidos o palomeados, porque sería un fiasco, ¡bueno!... vuelvo a decir −en estricta justicia− que un alto porcentaje de la plantilla burocrática judicial de CD-JUDEX-TLAX ya cambió su actitud, pero muchos otros se aferran al pasado, al diario privilegio del “impulso procesal monetario” −sobre todos los diligenciarios que cosechan al por mayor−, “¡es cierto que todos nos vamos a ir?!... —¡yo necesito terminar mi casa!, —¡compré dos Uber para vivir de ellos!, —¡¡tengo a mis hijos en la ibero, que voy hacer?”.

 A muchos les avergüenza lo mal habido, no te invitan a su casa, visten ropa desgastada y se trasladan en carros muy modestos. Pero entre muchos otros −¡ahí les hablan proyectistas y secretarias de acuerdos!− hay competencia para ver quién tiene la camioneta “sub” más lujosa.

El personal que ahora se opone al cambio, ha cerrado su mente y casi por inercia aplica sus “mañas, sigue jugando con el tiempo, con las ventajas que le da el control del expediente, con las redacciones desfavorables”.

Hace años reclamé a un presidente del Tribunal: —“señor presidente van cuatro meses y no me dictan sentencia, ¿puede usted hacer algo por mí?” —“¡ay mi abogado, seguramente no le has puesto su veinte al piano!…”, los informes públicos de la jerarquía judicial están plagados de loas a la inexistente justicia, y de que ¡ya se ha erradico a la corrupción!

Y resuena el eco de aplausos, comparsas en esa mascarada institucional. Por eso, esta elección de junio puede ser un parteaguas en la historia del país, guarda tanta trascendencia, como cuando Benito Juárez recuperó los bienes de las manos del clero, o cuando Cárdenas expropió el petróleo.

Cabe desear para el bien de Tlaxcala y México que los voraces se vayan –porque sus mañas nunca se corregirán− o se pongan a litigar, en caso de que sepan. Ya basta también de jugar al gato y al ratón, de dictar sentencias y litigar por fuera. Si esto no sucede así, lástima de esfuerzo y de recursos gastados; lástima de tanto pleito con la titular de la Corte. Porque seguiríamos con lo de siempre —“¡licenciada esto me urge!, —¿lo puede pasar para que me notifiquen?, —¡estoy muy cansada licenciado, véngase mañana por favor!..., —¡es solo pasarlo licenciada!”, así se ruega, pero no se hace.

Los abogados callamos, hasta parecemos cómplices del sistema o “acomodados” a él y el único que paga los platos rotos es el justiciable. Es la hora de poner un hasta aquí a la voracidad y a la ostentación. Porque tantos presupuestos y discursos no han resuelto nada.

Alguna vez, un ciudadano que confrontó diferentes litigios me comentó con amargura: —“!la única vez que gané un asunto, quedé en la miseria!”. Qué malo sería que resultase que los “preferidos triunfaron”. Resonarían en todas las fronteras, las carcajadas burlonas de aquellas cúpulas nacionales e internacionales que tanto esfuerzo y años aplicaron en creer y solapar ese entramado judicial a su favor y que ahora resultase que no sirvió para nada. Por de pronto, hay que admitir −-vuelvo a decir− que hay un cambio notorio, sobre todo en los jueces a los que admiramos, los que creemos en la justicia, pero deseamos que esa conducta se convierta en una constante, al cien por ciento en todo el personal de CD-JUDEX-TLAX… ¡Y que sea para bien del eterno perdedor: el justiciable, que no ha dejado morir la llama de la esperanza!

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