Cortés. La última batalla
Después del prestigio y la gloria tras la conquista y el sometimiento de Tenochtitlan, vino el declive. Hernán Cortés no pudo repetir la hazaña
Humbero Torres López / El Sol de Tlaxcala
A pesar de sus títulos, mayorazgos, posesiones y riquezas la corona nunca le dio el poder. Además el conquistador se enemistó con los miembros de la Audiencia y, por si fuera poco, también peleó con el primer virrey, don Antonio de Mendoza.
Superó los acosos del juicio de residencia y mediante buenos oficios de amigos y dádivas cuantiosas, se le respetaron en España los privilegios obtenidos, las tierras otorgadas y los miles de esclavos indígenas asignados.
El reembarque de las tropas, con tormenta y ataques de los argelinos, fue catastrófica. La galera del emperador se averió y tuvo que ser reparada en Bujía y sólo pudo llegar a Cartagena hasta principios de diciembre.
No hay seguridad de que Carlos V haya leído la carta. Su secretario, Francisco de los Cobos anotó al margen: “No hay qué responder”





























