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Localdomingo, 8 de marzo de 2026

El eco del 8M recorrió calles y plazas del centro de Toluca

La marcha atravesó el centro de la ciudad entre consignas, testimonios y actos de iconoclasia hasta llegar a la Plaza de los Mártires

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Ximena García

Cuando la marcha terminó, la Plaza de los Mártires dejó de ser la explanada gris que todos los días atraviesan trabajadores, estudiantes y visitantes en el centro de Toluca y se convirtió en una especie de archivo de memorias extendido sobre el pavimento.

Alrededor del asta bandera comenzaron a aparecer carteles, primero unos cuantos y después decenas de hojas moradas, cartones escritos con plumón, fotografías pegadas con cinta y nombres que alguien trazó con cuidado para que no se borren con el viento. 

Las mujeres se agachaban para acomodarlos, caminaban despacio entre ellos y se detenían a leer lo que otras habían dejado antes, como si recorrieran un memorial improvisado en medio del corazón político del Estado de México.

Desde lejos parecía un mosaico de papel sobre el concreto. De cerca, cada cartel hablaba de una historia distinta.

Había nombres de mujeres asesinadas, frases contra la violencia, dibujos morados, preguntas que alguien escribió con rabia y también mensajes de acompañamiento para quienes siguen buscando justicia. 

En medio de ese círculo de pancartas, algunas mujeres permanecían en silencio mientras otras tomaban fotografías o leían en voz baja lo que aparecía escrito frente a ellas.

Historias de violencia que rompieron el silencio

Mientras tanto, en uno de los extremos de la plaza comenzó a instalarse un micrófono abierto.

Ahí, una tras otra, varias mujeres decidieron tomar la palabra para contar historias de violencia sexual, desapariciones y feminicidios que durante años permanecieron en silencio. 

Cada intervención terminaba de la misma manera, con un coro colectivo que se repetía entre la multitud. “No estás sola”.

Pero antes de que la plaza se llenara de carteles, la jornada había recorrido buena parte del centro de Toluca.

Una marcha que nace del hartazgo

Entre quienes caminaban estaba Juanita Pedraza, madre de Jessica Sevilla Pedraza, asesinada el 5 de agosto de 2017 en el Estado de México. Desde entonces, explicó, su vida se convirtió en una lucha constante para exigir justicia. Casi nueve años después, el caso sigue sin resolverse completamente.

“Son casi nueve años sin Jessy y lo que hemos logrado es una justicia parcial. Hemos tenido que enfrentar autoridades revictimizantes, omisas, indolentes. Es muy doloroso tocar puertas en todos los niveles y que siempre te las cierren”.

“Hace aproximadamente dos meses me dijeron que no hay elementos para más órdenes de aprehensión, pero yo estoy convencida de que él no pudo hacerlo solo. Claro que hay más personas y claro que hay pruebas. Lo que falta es que la Fiscalía (General de Justicia del Estado de México) haga su trabajo”.

La exigencia de justicia que se repite en cada marcha ocurre en un contexto donde la violencia contra las mujeres continúa marcando la vida cotidiana en el Estado de México. 

Tan sólo durante 2025 se registraron 55 feminicidios en la entidad, además de cuatro mil 848 denuncias por acoso sexual, dos mil 806 casos de abuso sexual y más de 25 mil 900 carpetas de investigación por violencia familiar.

Cuando la protesta interviene la ciudad

Las intervenciones se concentraron principalmente en grupos del llamado bloque negro y no derivaron en confrontaciones directas con policías en esos puntos. 

Las acciones formaron parte de los actos de iconoclasia que suelen acompañar la jornada del 8M y que, según distintas colectivas, buscan cuestionar símbolos del poder político, institucional y económico.

Entre quienes caminaban también estaba Miriam Ivette González Durán, quien desde hace cinco años busca el cuerpo de su hermana Carla González Durán. Miriam asegura haber presenciado el asesinato y el momento en que los responsables enterraron el cuerpo, pero durante mucho tiempo vivió con miedo de denunciar.

Hoy lo único que pide es recuperar los restos de su hermana.

“Yo vi cómo la mataron y cómo la enterraron. Lo único que quiero es que me digan dónde dejaron su cuerpo para darle sepultura, porque ya no puedo vivir con este miedo”.

Mientras observaba el avance del contingente, dijo que marchar rodeada de otras mujeres le recuerda que la lucha no es individual.

“Pido justicia por cada una de nosotras. Porque todas somos madres, hijas, hermanas”.

Las que marchan por primera vez

Entre la multitud también había quienes participaban en la movilización por primera vez.

Laura caminaba junto a su mamá y a su hermana menor dentro del contingente de maternidades e infancias. A ratos escuchaba las consignas, a ratos observaba en silencio las pancartas que otras mujeres sostenían frente a ella, tratando de dimensionar todo lo que ocurría a su alrededor.

Reconoció que la experiencia fue tan intensa como reveladora.

“Es mi primera marcha. Vine con mi mamá y mi hermanita y marchamos en el contingente de maternidades e infancias. La verdad fue muy bonito, pero también doloroso escuchar a las familias y a las morras que agarraron el micrófono para contar lo que han vivido”.

A lo largo del recorrido escuchó historias de abuso sexual, desapariciones y violencia que muchas mujeres decidieron contar frente a desconocidas que, sin embargo, respondían de la misma manera. Con escucha. Con abrazos. Con el mismo grito colectivo que se repite cada vez que alguien termina de hablar.

“No estás sola”.

Para Laura, la marcha también sirvió para entender algo que muchas veces se discute desde fuera del movimiento feminista.

“No todo es el bloque negro. Pero esas morras también me representan. Porque si fuera mi mamá, mi hermanita o una amiga, yo también quemaría todo”.

Mientras el contingente seguía avanzando por el centro de Toluca, ella caminaba unos pasos detrás de su madre y su hermana menor, observando una movilización que, para muchas mujeres, es una jornada de memoria y de denuncia.

Palacio de Gobierno, el último punto de tensión

La parte más tensa de la jornada ocurrió al final del recorrido, cuando el contingente llegó frente a Palacio de Gobierno, donde desde un día antes se habían colocado vallas, una barda perimetral metálica –esta última por primera vez en la sede del Ejecutivo– y una línea de policías estatales para resguardar el edificio.

Después de más de cuatro horas de movilización, algunas colectivas comenzaron a empujar las estructuras hasta derribarlas, mientras otras manifestantes retiraban escudos a elementos de seguridad que permanecían formados frente a la fachada. 

Durante esos momentos de tensión, policías accionaron extinguidores para dispersar a quienes se encontraban en la primera línea, lo que generó nubes de polvo blanco que se extendieron por la explanada. La confrontación duró más de una hora. Luego, el ambiente volvió a transformarse.

Mientras varias mujeres permanecían sentadas frente al edificio después de cinco horas y media de movilización, algunas colectivas tomaron un megáfono para recriminar el actuar de la policía. 

Después, al grito colectivo de Canción sin miedo, varias manifestantes comenzaron a entregar sus pancartas a policías estatales que permanecían formados frente al edificio.

Durante unos minutos, la escena fue distinta. Las mismas manos que minutos antes habían empujado vallas metálicas comenzaron a extender carteles escritos con plumón y flores.

La memoria que queda en el pavimento

Cuando la movilización comenzó a dispersarse y los tambores dejaron de escucharse en el centro de Toluca, la Plaza de los Mártires quedó cubierta por los carteles que las manifestantes habían colocado alrededor del asta bandera.

Algunas personas caminaban entre ellos leyendo cada mensaje, otras permanecían en silencio frente a los nombres que alguien decidió escribir para que no se olviden.

Desde lejos parecía un mosaico de papel extendido sobre la plaza. De cerca, cada hoja guardaba una historia.

Porque cuando la marcha termina, lo que queda en el pavimento no es sólo papel. Son nombres. Y detrás de cada nombre, una vida que alguien decidió escribir para que no se borre.

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