
Tulancingo, Hidalgo.- Este tres, cuatro y cinco de octubre se cumplen 19 años del evento que sacudió a Tulancingo y regiones cercanas. Durante la mayor parte del día y la noche, la incesante lluvia acompañada de fuertes ráfagas viento sacudían las ventanas de las casas. En 24 horas cayó la precipitación de todo un año. Tulancingo se había olvidado de las inundaciones; la anterior había sucedido en 1955, y en aquel entonces aún no había asentamientos en las orillas de los cauces de los ríos Tulancingo, San Lorenzo y sus afluentes. Cerca de las dos de la mañana, el río se desbordó y el agua, al amanecer, ya corría por las céntricas calles. Luis Ponce, Independencia y Bravo eran auténticos ríos que llevaban ramas, lirio y hasta animales al centro de la ciudad. Desde que el río comenzó a desbordarse, las zonas bajas resultaron más afectadas, como Jardines del Sur, La Escondida, Mimila, La Morena y la Clínica del Instituto Mexicano del Seguro Social. Tuvieron que ser evacuadas con prontitud, aunque en su mayoría, los habitantes decidieron quedarse en sus casas, lo que hizo más difícil ayudarlos después a salir a aquellos que fueron sorprendidos por el evento. Tráilers, lanchas de motor, camiones y cientos de voluntarios realizaban labores de rescate en las colonias afectadas. Hubo familias que lo perdieron todo, dado que los muebles quedaron inservibles o fueron arrastrados por las fuertes corrientes de agua. Para los días siguientes el panorama resultaba desolador, todo el mundo trataba de hacer limpieza pero aún predominada el llanto, la tristeza y la expectación por lo ocurrido. Algunos negocios en pleno centro abrieron, las tiendas departamentales estaban abarrotadas por personas que buscaban principalmente artículos de limpieza, agua y alimentos. Hubo muestras de solidaridad, porque no faltaron familias que compartieron alimentos, ropa, un café caliente que servían como bálsamo para los damnificados. Esta ciudad, en octubre de 1999, fue estremecida por la naturaleza, sin embargo, en la actualidad, al igual que el ave Fénix, ha resurgido con nuevos bríos y mira de frente al futuro, sin olvidar cuán frágiles somos ante la naturaleza.