
Tulancingo, Hidalgo.- Para muchos el chapulín representa una plaga, para los recolectores es provechoso, ya que ganan ofreciendo esta parte de la gastronomía mexicana. Desde tiempos prehispánicos se consumen. Sabor sui géneris, gusto para el paladar de quienes los consumen; se ofrecen en calles de la ciudad. En recipientes se observan ya fritos, listos para el bocado. No les quitan ni la cabeza ni las patas, se comen enteros. Los venden en vasitos de a 25 pesos, preparados con sal, limón y chile. Los recolectan de entre la alfalfa para luego prepararlos y venderlos a los clientes. Difícil es recolectarlos. Atraparlos en verdad, comenta un vendedor, es toda una odisea. Los chapulines saltan por todos lados. Los preparan desinfectándolos, y los dejan en agua con sal durante tres días, para luego ponerlos en grandes comales y entonces echarles ajo y sal. Una vez fritos, se colocan en cubetas bien cubiertas para evitar el polvo. Los que se ofrecen son los de color café, no así los verdes, explican comerciantes, quienes además argumentan que son ricos en proteínas. Estos tienen entre 60 y 70 por ciento de ellas; en el caso de los chapulines, unos 100 gramos alcanzan el 75 por ciento. Del campo a la cocina, y aportando nutrientes a quienes los consumen. Asados o fritos, o en salsa o mixiote, ahí están los chapulines, que abundan en esta temporada.