Locallunes, 6 de octubre de 2025
Dificultades de tener una discapacidad: Testimonios de tulancinguenses
Tienen que lidiar con calles en mal estado, transporte público sin descuentos, así como discriminación social y laboral
Karen Aicitel Lira

Vivir con discapacidad en Tulancingo implica enfrentar obstáculos que van mucho más allá de la condición física. Esto, de acuerdo con encuestas realizadas a personas con distintas discapacidades reveló que, aunque los problemas de movilidad y el transporte público dificultan su vida cotidiana, uno de los mayores retos puede seguir siendo la discriminación social.
En lo platicado por parte de los testimonios, coincidieron en que el estado de las calles representa una traba constante. “Moverme en silla de ruedas por por las calles especialmente en el centro es casi imposible, las banquetas están rotas, en algunas bloqueadas por ambulantes, así que muchas veces hay que terminar bajándose, arriesgándose o molestando el tráfico”, relató Rosa, mujer con discapacidad motriz.
De igual manera, Julio, quien tiene una discapacidad visual señaló que el comercio informal complica su circulación. “Cuando camino con bastón, no falta el puesto que invade la banqueta, pero ya es algo de todos los días, hay que salir a trabajar”, contó Julio Miramontes, quien canta por las calles.
El transporte público es otro de los puntos de inconformidad que contaron. Aunque la ley contempla el cincuenta por ciento de descuentos a personas con discapacidad, los operadores limitan ese derecho. “A mí me dicen que solo dos personas por corrida tienen descuento, que es la orden de sus jefes, así que lo pagamos completo”, explicó Alejandro, joven con discapacidad motriz. En el caso de los taxis, no existe ninguna tarifa diferenciada. “Ni siquiera te consideran, pagas lo mismo y muchas veces hasta te discriminan”, agregó.
Sin embargo, la queja más reiterada entre los encuestados no recae en la infraestructura o el transporte, sino en la forma en que la sociedad los percibe. La discriminación sigue siendo la principal barrera. “Lo que duele es que la gente te ve feo, como si no pertenecieras, eso no lo arregla”, expresó Andrea Ibarra, joven con discapacidad motriz.
La exclusión también se refleja en el ámbito laboral: “Al buscar empleo mi hijo, lo primero que piensan es que no puede, en algunos trabajos, querían pagarle menos solo porque tiene discapacidad. Es injusto, porque uno tiene capacidades, aprende y puede ser productivo”, señaló con firmeza Magnolia, quien es madre cuidadora.
Agregó que la discriminación, más allá de las limitaciones físicas, constituye un muro alto. No se trata únicamente de calles accesibles, sino de reconocer que quienes viven con discapacidad tienen los mismos derechos y la posibilidad de trabajo digno.