Localjueves, 16 de enero de 2025
Franeleros en Tulancingo, oficio poco remunerado
Coinciden en que su labor les ayuda para sostenerse y ayudar a sus familias
Karen Aicitel Lira

En algunas calles de Tulancingo, Hidalgo, el oficio del franelero, conocido popularmente como “viene viene”, se vive con la incertidumbre económica para quienes realizan esta labor. Este trabajo consiste en asistir a los conductores al estacionarse, cuidar que los vehículos no sufran daños, protegerlos contra robos. Todo esto, bajo el sol y a cambio de pagos voluntarios de quienes estacionan sus autos.
En la calle Hidalgo, entre 21 de marzo y Fernando Soto, encontramos a Alfonso Reyes, de 60 años, quien comenta que lleva 35 años en este oficio. Comenzó en 1990 y nunca lo dejó, confesando que la falta de estudios limitó sus oportunidades laborales. Trabaja de 9:00 a 16:00 horas y relata que sus ingresos varían según el día. Aunque en un buen día puede ganar entre 150 y 200 pesos, también enfrenta días con menor ganancia. Alfonso menciona que los domingos son los mejores días para trabajar. Sin embargo, el trato con los conductores no siempre es amable, especialmente cuando les recuerda que el reglamento de tránsito limita el tiempo a una hora. Alfonso hace mención sobre su esposa, que ella lo ayuda con la recolección de PET para tener más solvencia económica, él asegura que continuará mientras su salud se lo permita.
Rodrigo Vargas Rosas, de 81 años, también trabaja como franelero en la misma calle, pero entre Luis Ponce y Juárez. A diferencia de Alfonso, Rodrigo lleva nueve años en esta ocupación, la cual refiere que consiguió con dificultad debido a la supuesta poca empatía de Wicho para permitir otro franelero en la calle, después de días y semanas en poder convencerlo, finalmente, gracias al apoyo de los locatarios, Rodrigo logró establecerse. Comenta que al día reúne entre 70 y 150 pesos diarios, aunque en ocasiones puede ganar hasta $200 pesos. Él también recoge cartón para complementar sus ingresos.
Rodrigo y Alfonso destacan que quienes más valoran y recompensan su labor suelen ser personas sencillas, mientras que aquellos con mayores recursos tienden a ser menos generosos. A pesar de las dificultades, afirman que seguirá trabajando hasta donde Dios lo permita, pues no ven otras opciones laborales disponibles a su edad.
Ambos franeleros coinciden en que su labor es poco remunerada, pero necesaria para sostenerse y ayudar a sus familias. Mientras Alfonso con el apoyo de su esposa salen al día, Rodrigo busca lo suficiente para cubrir lo esencial: “para las tortillas, los frijolitos”, asegura con entusiasmo Su testimonio es un reflejo de las condiciones de precariedad laboral que enfrentan muchos trabajadores informales en el país.