Sufren invidentes de discriminación
Aunque no vemos con los ojos, vemos con el alma, dice Yessica
Concepción Ocadiz / El Sol de Tulancingo
Yessica Lagos, originaria de Tulancingo es invidente y se enfrenta a actos de discriminación e indiferencia, al igual que algunos de sus compañeros, que, como ella, se ganan la vida realizando algunos oficios como cantar o vende golosinas.
Ejemplifica que algunos choferes del transporte público, no les realizan descuentos en el pasaje, también cuando algunas personas que pasan cuando está cantando, y ni un peso le dan.
Sentada en una de las jardineras de La Floresta de esta ciudad, le dicta a su celular la pieza musical para, con micrófono y bocina en mano, ponerse a cantar, con la finalidad de ganar unos pesos.
Nació con catarata congénita y desprendimiento de retina, no veía bien desde pequeña, dice, “me pegaba al pizarrón para intentar ver, y luego los cuadritos de mi libreta tampoco los veía, así que me operaron vi poquito pero luego ya nada otra vez”.
Ser invidente, no ha sido impedimento para salir adelante, agrega, de hecho, supo ser autosuficiente. Su apoyo, su bastón con el que se apoya para caminar por las calles de esta ciudad.
Se fue hace poco más de una década a la Ciudad de México, donde ingresó a una escuela de invidentes para ser dependiente: “Aprendí muchas cosas, para valerme por mí misma”



















