El PRI cumple mañana 4 de marzo, 97 años de vida política y el reflejo de su ancianidad está extendido como decadencia por impotente y selectividad excluyente que reduce al mínimo la confianza ciudadana y de su militancia, otrora inmensa, poderosa y hegemónica en el ejercicio del poder gubernamental nacional, estatal y municipal y, al iniciar su proceso interno sobre la elección de sus candidatos a gobernador, las diputaciones federales y locales y los 58 ayuntamientos, se exhibe debilitado, casi en agonía y por ello, incapaz de asumir potencialidades competitivas ante una fuerza política morenista avasallante y dispuesta a la aniquilación total con su reforma electoral.
Los cauces o senderos hacia una normalidad democrática para la recuperación del poder se desvanecen en el Partido Revolucionario Institucional y una posible supervivencia solo se daría en alianza o coalición con otras fuerzas políticas, un efecto de vulnerabilidad que más se intensifica por las equivocadas estrategias direccionales desde lo nacional a lo estatal y para las batallas que vienen le será imposible desplegar acciones en unidad y bien saben sus dirigentes y la militancia histórica y muy endeble por despreciada y la escasa nueva generación, que en esta etapa será crucial un comportamiento ético, consecuente con sus principios de orígen que no pierden autenticidad.
El inútil y estéril diferendo en el que cayó localmente por las expresiones de torpeza del Presidente Estatal Carlos Peña Badillo, al descalificar al ex gobernador Alejandro Tello Cristerna por su distanciamiento que interpretó como deslealtad y traición, es una evidente fisura, rompimiento que ilustra tensiones internas y amenazante división interna, un escenario totalmente contrastante con el rechazo a las “simpatías sesgadas y traiciones disfrazadas” que pronto encendieron la versión de sanciones y expulsiones a medio centenar de ahora ex militantes dispersos y con posiciones políticas y de gobierno en Morena y sus aliados.
Desde el 94, con el magnicidio de Luis Donaldo Colosio Murrieta y más tarde con su derrota del 98 ante el monrealismo, el PRI inició su declive y decadencia hacia el ocaso, y más cuando alejados están los ex gobernadores Genaro Borrego Estrada, Pedro de León Sánchez, Arturo Romo Gutiérrez y de activos valiosos como Esaú Hernández y que ligeramente muestra recomposición por el reingreso del prestigiado político riograndense, Arturo Nahle García, pero el deterioro está más que real y apartados de su histórica afinidad y fidelidad a las causas de la Revolución, ahora sustituidas por la transformación en otro poderoso partido que amenaza con la dominación total.
Mañana en la ciudad de México, estarán presentes Carlos Peña Badillo, Miguel Alonso Reyes, Claudia Anaya Mota, Fuensanta Guerrero y miembros del comité estatal para celebrar con el líder nacional Alejandro Moreno, un año más del Partido Revolucionario Institucional, en condiciones de división, desprestigio y debilitamiento como nunca en su historia; y será el próximo sábado, cuando la convocatoria sea aquí en Zacatecas, para celebrar el 97 aniversario de un partido que construyó instituciones y dio grandeza al país y a Zacatecas, hoy hundido en la desconfianza social, la pérdida de moralidad y ética, vacío del que será difícil salir para volver a empezar como centenaria organización.