Muy sano y más positivo que David Monreal gobierne con racional optimismo y que, a través de La Informativa de Zacatecas, haga balances sobre la realidad que viven Zacatecas y los zacatecanos, un escenario comunicacional y de opiniones desde el poder gubernamental que, además de los avances tangibles, resultados visibles y sensibles desde la sociedad de los gobernados, debe generar momentos para la autocrítica y también el reconocimiento de fallas y errores que, al ratificarse, generen cambios en las políticas y en el equipo o gabinete, porque han significado un estancamiento o retroceso en los planes de desarrollo y crecimiento planteados.
El razonable optimismo del mandatario debe ser capaz de contagiar a la gente para que lo acepten y lo aprueben, porque se trate de un gobernante altamente comprometido con la verdad y con ética autoimpuesta, de manera que se reduzcan cuestionamientos y oposiciones que luego se tornan en desencanto. Debido a su marcado optimismo, las síntesis de sus exposiciones deben incluir testimonios veraces. Esto permitirá que la población aumente sus esperanzas de mantenerse en la ruta hacia el desarrollo con bienestar, paz y tranquilidad, elementos fundamentales para impulsar el progreso. Esta es la consigna que hoy se promueve desde todos los horizontes.
La decisión de La Informativa puede considerarse tardía. Sin embargo, aún tiene poco tiempo para revertir los efectos perniciosos que han deteriorado su imagen y han contenido proyectos insignia, vitales para ajustar las reacciones populares a la consigna de convertirse en el mejor gobernador en la historia del estado. Inevitable, pero sí eludibles, los tiempos preelectorales que significan distracción a la gobernanza, porque son muchos los sectores que más están concentrados en la batalla interna de sus partidos y que necesariamente estiran lealtades entre los servidores públicos y entre simpatizantes, militantes y ciudadanos.
El vigoroso entusiasmo que David Monreal ha presentado y muy seguramente alentado por las estimulantes decisiones que a favor del estado ha lanzado la presidenta Claudia Sheinbaum, tiene que ser reflejado en obras, hechos y realidades, como la ampliación de la autopista hacia Aguascalientes en el tramo a Cuauhtémoc; la programada ejecución de miles de viviendas; el hospital de especialidades en Guadalupe. Constituyen una nueva ruta que ofrezca un nuevo sentido a la transformación y que aleje los negativos que han provocado la frustración del viaducto elevado y la retención del enorme proyecto hídrico de Milpillas, que nomás no adelanta hacia la realidad.
Obvio que la gente, los zacatecanos que como ciudadanos están mejor informados y no pueden ser considerados ingenuos o indiferentes, han entrado en esa frecuencia del optimismo; incluso el esplendoroso festival cultural se ha convertido en factor de reconocimiento al nuevo sendero que parece haber tomado la conducción gubernamental y con esa misma dimensión de convencimiento, deberá asumir riendas firmes para que el proceso electoral 2027 no desborde, no se salga de los cauces de la normalidad democrática y de la participación ciudadana, y que los actores y aspirantes sean sometidos a la disciplina y al compromiso con la unidad ciudadana y el progreso estatal.