Carambola, la vida en un billar
Los billares en Morelia es una tradición que aún persiste; El Sol de Morelia te presenta algunas historias
Víctor Ruiz
“El patrón venía de México y se metía a los billares que se tenían en la ciudad, pero los encontraba muy maltratados, entonces fue cuando se le ocurrió poner un lugar que dignificara el juego, cosa que ha funcionado, porque a raíz de eso los demás han tratado de hacer lo mismo”.
“Han venido jugadores de Europa, pero también grandes campeones estatales y nacionales, como es el caso de Alberto Paredes, Erasto Nájera, Fernando Camacho, Raúl Tapia, José Luis Rescalvo, Marcos Pimentel, Francisco Contreras y otros más que de verdad hacen del billar su vida”.
A sus 46 años de edad, Sergio confiesa que su gusto por el billar es mínimo, pero también se dice agradecido con este deporte, pues argumenta que le ha permitido sostener a su familia por 18 años y afirma que no hay manera de que se pueda aburrir de un trabajo como éste.
LA BOLA “8” NO ES UN NEGOCIO
Guillermo Gallo Palmer tuvo su primer acercamiento con el billar durante su juventud. Trabajando como gerente de Recursos Humanos en un hotel que se ubicaba en la Zona Rosa de la Ciudad de México, fue invitado a presenciar una partida de pool al establecimiento de la calle Florencia.
La mayoría de los jugadores que frecuentaban el billar vestían de traje y corbata, pero por unas horas se arremangaban la camisa para hacer sus mejores tiros; ahí nació el gusto de Guillermo. Fue tanto de su agrado, que prefería comerse una torta en el billar que una comida formal y de cortesía en el hotel.
Como jugador se califica como uno “más del montón”, pero explica que supo dirigir su pasión a la administración de “Los Diamantes”, billar que fundó en la ciudad de Morelia en el año de 1977 y que a la fecha se mantiene vigente como uno de los más antiguos y tradicionales, ubicándose cerca de la Plaza de Toros.
Con casi 42 años de recorrido, Gallo Palmer relata que en los inicios tuvo que luchar contra la mala imagen que se tenía de los billares, “hace 100 años se decía que era un buen negocio porque sólo debías poner una mesa para jugar y lo demás era una barra de 10 metros; eso eran cantinas y no billares”.
“Las mujeres también ya se animan a jugar más, de hecho alguna vez tuvimos en Los Diamantes a unas jugadoras americanas que le ganaron a todos los clientes, eso nos habla de una mayor apertura en este deporte, sobre todo en la modalidad de pool”.
LA FÓRMULA
Durante el día, Erasto Nájera Vieyra recorre la capital en su taxi llevando a los pasajeros por todas partes. Cuando encuentra un espacio libre, toma su taco que cataloga como un “clásico” y se dirige a jugar carambola, la modalidad que le ha permitido ganar múltiples trofeos a nivel estatal y nacional.
Advierte que los cálculos deben hacerse en un lapso máximo de 40 segundos, si no la oportunidad de tirar se te escapa. A propósito del tema, recuerda con humor a aquel viejo que solía llevar una calculadora consigo para no errar en las cuentas antes de ejecutar un tiro.
Con 48 años de edad, Erasto Nájera relata su primer contacto con el billar, allá por el año de 1986. Siendo menor de edad todavía, logró acceder a un establecimiento que se ubicaba en la colonia el Porvenir; ahí, observó una jugada y de inmediato le tomó gusto.
El accidente dio frutos. Para el año de 1990, Erasto jugó su primer torneo de forma oficial y lo ganó. Como premio se hizo acreedor a 250 mil viejos pesos, pese a la emoción, supo reconocer que se había enfrentado a jugadores de bajo nivel, por lo que decidió emigrar a otros billares en busca de una mayor competencia.
Tiene la fecha clara: 14 de octubre del año 2000. Ese día se jugó el primer torneo de la Asociación Michoacana de Billar; llegó el triunfo venciendo a Alberto Paredes y a partir de ahí la participación en diferentes certámenes fue en ascenso, al grado de que dejó de contabilizarlos.
Erasto tiene reservado un espacio dentro de su casa donde resguarda por lo menos 10 trofeos, siendo de los más importantes aquel que ganó en diciembre de 2017, cuando venció a Hugo Escalante del estado de Jalisco. Al palmarés se le añaden algunos primeros lugares en torneos estatales y alrededor de 10 segundos lugares.
Aunque las obligaciones laborales y familiares ya no le permiten jugar tanto como en años anteriores, trata de practicar por lo menos tres veces a la semana. Si se le pregunta por qué le gusta el billar, no duda en hacer un listado de cualidades que se resumen en ser un “juego muy completo”.
Además de lo que se tiene que pensar en cada jugada, Erasto resalta las emociones que genera el billar, la adrenalina que le acelera el corazón cuando va perdiendo una carambola. “Empiezas a sudar, pero cuando se da el triunfo es lo más bonito que hay, el poder recibir un trofeo”.
Advierte que por encima de esto debe persistir la humildad. Cita a su maestro Salvador Rivera, quien siempre le aconsejaba respetar al rival, ser un caballero en el juego y sobre todo salir a divertirse y ganar.
Después de más de 30 años golpeando la bola blanca, Erasto Nájera comparte que la mayor lección aprendida es haber entendido que no se puede jugar, si como persona no estás en plenitud; asegura que un jugador no funciona en una partida cuando su estado de ánimo no es el óptimo.

















