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Localmiércoles, 18 de febrero de 2026

Obispo de Zamora llama a erradicar todo acto de violencia y ser artesanos de la paz

“La paz es un don de Dios, pero también es tarea nuestra”, destacó el Obispo de Zamora

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Alejandra Lazaro

Durante su mensaje de este Miércoles de Ceniza, el prelado dijo que la paz no puede entenderse únicamente como un deseo o una petición espiritual, sino como una tarea concreta que involucra a toda la sociedad.

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La paz es un don de Dios, pero se debe de construir entre todos

“La paz es un don de Dios, pero también es tarea nuestra”, destacó que la Iglesia ha permanecido cercana a la comunidad, al promover encuentros y diálogos por la paz. Sin embargo, insistió en que no se puede esperar que la paz “caiga del cielo”.

La paz es un don de Dios, pero es una tarea de nosotros, hay que orar por la paz, pero también necesitamos ser agentes constructores, artesanos de paz 

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Recordó además el llamado constante del Papa Francisco a convertirse en verdaderos promotores de reconciliación en medio de los conflictos sociales.

Para el obispo, la paz auténtica nace del perdón y de la reconciliación, y comienza en el entorno más cercano: la familia. El pastor diocesano fue enfático al señalar que la violencia que se vive en la sociedad muchas veces se gesta desde el hogar.

“Si papá y mamá viven en violencia continua, con gritos, ofensas o agresiones físicas y psicológicas, estamos preparando personas violentas”, advirtió. Por el contrario, cuando en el hogar se respira amor, respeto y comunión, los hijos aprenden esos valores y los reproducen en la sociedad.

En ese sentido, invitó a todos los católicos, hombres y mujeres de buena voluntad a erradicar todo gesto amenazador y todo acto de violencia, al comenzar por la propia familia, la iglesia doméstica.

En otro momento, el obispo abordó el sentido del ayuno durante la Cuaresma, al recordar que la Iglesia establece el ayuno obligatorio el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo, así como la abstinencia de carne todos los viernes de Cuaresma.

Si bien reconoció el valor del ayuno corporal como ejercicio de disciplina y sacrificio, dijo que el ayuno más importante es abstenerse del mal. “El ayuno que más le agrada a Dios es que nos abstengamos de herir, de lastimar, de cometer injusticias”.

Además, exhortó a que el sacrificio tenga un sentido solidario, lo que se deja de consumir, compartirlo con quien más lo necesita.

Ese kilo de carne que no te vas a comer, compártelo con una familia pobre

Monseñor Ocampo recordó que la Cuaresma es un tiempo especial de oración, penitencia y conversión sincera a Dios y al hermano, más allá de la norma, lo importante es que el sacrificio tenga sentido espiritual y social.

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