Turismo y servicios: el rostro cotidiano del empleo en Baja California Sur
Las opiniones vertidas en este artículo son responsabilidad de quien las emite y no de esta casa editorial. Aquí se respeta la libertad de expresiónHablar de empleo en Baja California Sur es, casi de forma inevitable, hablar de turismo y servicios. No se trata de una percepción ni de un discurso repetido por conveniencia: los datos confirman que la economía del estado se sostiene, en gran medida, sobre actividades vinculadas a atender visitantes, mover personas, vender experiencias y dar servicios a una población que crece al ritmo de su atractivo turístico.
De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) 2025 del INEGI, la población económicamente activa en Baja California Sur asciende a 463 mil personas. De ese universo laboral, alrededor del 65% se concentra en el sector servicios, cifra que refleja con claridad la vocación turística y comercial del estado, como ha documentado también Tribuna de México.
Este peso no es casual. La actividad hotelera y turística, con epicentros bien definidos en Los Cabos y La Paz, se mantiene como el principal motor económico. Hoteles, restaurantes, agencias de viaje y operadores turísticos generan miles de empleos directos, mientras que a su alrededor se activa una amplia red de trabajos indirectos: transporte, comercio, entretenimiento, servicios profesionales y administrativos que acompañan el crecimiento urbano y empresarial.
El turismo no solo ocupa habitaciones; ocupa mesas, carreteras, oficinas y muelles. Cada visitante que llega detona una cadena de consumo que sostiene buena parte del empleo local. Por eso, el sector servicios se ha consolidado como la base laboral de la entidad, muy por encima de otros rubros productivos.
En segundo plano aparece el sector industrial, que representa cerca del 15% de los empleos, con la construcción como actividad destacada. El crecimiento inmobiliario, particularmente en destinos turísticos, ha generado trabajo constante, aunque muchas veces temporal y sujeto a los vaivenes del mercado.
Más atrás, pero no menos importantes para ciertas regiones, se encuentran las actividades primarias. La pesca y la agricultura siguen siendo relevantes en comunidades rurales y costeras de municipios como Comondú y Mulegé. La pesca deportiva, la comercial y la acuicultura mantienen empleos y tradiciones que forman parte de la identidad sudcaliforniana, aunque su peso en el total estatal sea menor.
El panorama es claro: Baja California Sur vive, trabaja y crece alrededor del turismo y los servicios. El reto no está en negar esa realidad, sino en gestionarla mejor. Reducir la informalidad, mejorar las condiciones laborales y, al mismo tiempo, diversificar la economía son tareas urgentes si se quiere que este modelo sea sostenible a largo plazo.
Mi opinión es sencilla: el turismo ha sido una bendición económica para el estado, pero no puede ser el único sostén. Apostar por un turismo más responsable, mejor pagado y complementado con otros sectores productivos no solo fortalecerá el empleo, también dará mayor estabilidad a quienes, día a día, hacen posible que Baja California Sur siga siendo uno de los destinos más deseados del país