Hace algunos días escuché a una persona cercana decir algo que atrajo mi atención poderosamente, me comentó que por alguna razón que no se podía explicar, se sintió mareada y levemente desorientada después de haberse enchilado, y lo describió como un pequeño viaje fuera de sí, y que si bien, no se podía comparar en intensidad con aquellos viajes ocasionados por sustancias psicodélicas, sí había sido una experiencia un tanto extraña de experimentar.
Ni tardo ni perezoso me dí a la tarea de investigar si realmente podemos experimentar alucinaciones o desconexión de la realidad a partir del consumo de capsaicina, pues me parece que es algo que ya había escuchado anteriormente pero que no tenía certeza de lo que en realidad ocurría.
Qué sería de nosotros los mexicanos sin ese éxtasis místico que experimentamos al sentir el efecto de la capsaicina en nuestros cuerpos: esos momentos en que, tras una mordida al taco con salsa habanera, uno ya no está seguro de si sigue en la tierra o si acaba de abrir un portal interdimensional con destino incierto más allá de lo conocido. Y entonces, entre el sudor, la lágrima traicionera, la nariz goteando, y la pena de creer ser el único a la redonda que no resistió el picor de la salsa que “no picaba”, te haces la siguiente pregunta ¿Me estoy enchilando? ¿o tan solo estoy alucinando?

La causante de todo esto es la molécula de la capsaicina, inodora, incolora, e insabora, pero que tal parece es capaz de engañar a nuestro cerebro haciéndole creer que nos estamos quemando internamente. La capsaicina se involucra con los receptores TRPV1, que son unas terminaciones nerviosas diseñadas para detectar calor. Y aunque sea difícil de creer, sin importar sentir la lengua en llamas por algún motivo aparece esa inexplicable risa en nuestro rostro mientras sufrimos.
Y si bien a simple vista estamos experimentando una sensación de placer/dolor, nuestro cerebro está siendo el campo de batalla en el que suceden muchas cosas. De repente, en un segundo aparece la adrenalina acompañada de endorfinas y dopamina que nos bañan en placer y convierten un dolor en una sensación adictiva de la que cada vez vamos necesitando más y más.
Ahora sí, la parte sabrosa de la historia: ¿puede alguien realmente alucinar por enchilarse?
La respuesta rápida es sí, pero depende de qué tan sensible seas a la capsaicina, y de cuánto chile te consumas. Se han reportado sensaciones de mareo, visión borrosa y euforia ante situaciones de máximo consumo de capsaicina. Sin embargo, también se sabe que existen personas que han probado la capsaicina pura altamente concentrada, y que describen haber experimentado algo similar a un “mal viaje”, además de vómitos y pérdida del sentido de la realidad, lo cual, suena a todo menos placentero y delicioso.
Pero pongámonos serios y analicemos lo que dice la ciencia. Un estudio en el British Journal of Nutrition mostró que el consumo crónico de chile puede modificar la percepción del entorno por unos momentos durante la ingesta. Se ha demostrado también que la capsaicina interactua con neurotransmisores como la serotonina, lo que puede explicar el “subidón” emocional y alguna alteración en el humor de quien la consume.
En resumen, si bien la capsaicina interactua de formas distintas en cada uno de nosotros dependiendo nuestra resistencia a la misma, sí puede ser la causante de ciertas emociones o sensaciones en nuestro cuerpo, sobre todo aquellas relacionadas con el placer y la adrenalina, y a menos que tengas acceso a consumir capsaicina pura, difícilmente vas a llegar a un nivel de viaje psicodélico únicamente a través de un chile o una salsa.
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