Dejar el alcohol después de los 65: lo que la ciencia revela sobre el cerebro y la memoria
El consumo de alcohol en adultos mayores puede acelerar problemas de memoria y aumentar el riesgo de Alzheimer. Descubre cuáles hábitos pueden proteger tu mente.
El consumo de alcohol en la tercera edad puede acelerar la pérdida de memoria y afectar la salud cerebral. / Foto: Cortesía Wikimedia Commons
Por mucho tiempo hemos escuchado que una copita de vino “para el corazón”, un tequila “para la digestión” o una cerveza “para el calor” son casi parte del kit de supervivencia adulto. Pero cumplir 65 años —edad en la que te regalan bufandas, te recomiendan cruceros y empiezas a llamar “muchacho” a cualquiera menor de 45— trae una sorpresa, el alcohol deja de ser ese amigo relajado de las fiestas y empieza a comportarse como un invitado tóxico que arruina tu sala, tu memoria y tus neuronas.
Según lo que se explicó con periodista Gaby Hinsliff en una amplia entrevista con el reconocido neurólogo y neurocientífico Dr. Richard Restak —expresidente de la Asociación Neuropsiquiátrica Americana, profesor clínico, autor de más de 20 libros y conferencista desde la NASA hasta el Pentágono— la evidencia sobre el deterioro neurológico y los hábitos de vida después de los 65 es hoy más contundente que nunca. Uno de los principales enemigos del cerebro envejecido es justamente el alcohol.
Estamos en Facebook, súmate a nuestra comunidad porque si se come, se cuenta. Aquí te damos el chisme gastronómico completo: tendencias, lugares, personas y platillos.
La memoria después de los 60
Entrar a una habitación y olvidar por qué. No encontrar los lentes. Confundir el nombre del vecino. Todos hemos pasado por ahí, pero después de los 50 estos lapsus empiezan a sentirse más amenazantes. ¿Son señales de demencia? ¿O simplemente la vida moderna nos absorbe? Hinsliff recoge algo fundamental de Restak: “La mayoría de los ‘pecados de pérdida de memoria’ son pecados de falta de atención”.
Nada más humano. Sin embargo, el deterioro cognitivo es real, avanza con la edad y puede acelerarse cuando factores de riesgo externos —como el alcohol— siguen presentes. Existe desorientación espacial y pérdida del hilo lógico suele ser una bandera roja para consultar al médico.
El envejecimiento cerebral no perdona
Aquí viene el punto clave que Restak enfatiza en el reportaje de Hinsliff, que a partir de los 65 años tenemos menos neuronas. A los 70, deberíamos haber dejado de beber.
¿Por qué? Porque, aunque suene exagerado, el alcohol es una neurotoxina, incluso en pequeñas cantidades. Mientras más envejece el cerebro, menos margen hay para exponerse a sustancias que aceleren el deterioro.
La salud cognitiva se fortalece con hábitos como el descanso adecuado, la lectura y la socialización. / Ilustración generada con IA bajo la dirección creativa de Brenda Marquezhoyos y supervisión de Josue Martinez. Esta imagen no representa un hecho real.
Si ya de por sí la memoria de trabajo —nos permite seguir el hilo de una novela, entender una receta o recordar instrucciones recién dadas— empieza a decaer desde los 30, seguir añadiendo alcohol al sistema es como derramar agua en un teléfono agrietado, no se romperá instantáneamente, pero seguro no ayuda.
Además, varias investigaciones citadas por Hinsliff señalan que hasta el 40% de los casos de Alzheimer podrían prevenirse o retrasarse evitando 12 factores de riesgo, entre ellos el consumo excesivo de alcohol.
¿De verdad el alcohol afecta la memoria?
Restak lo explica, el alcohol interfiere con la consolidación de los recuerdos y con la comunicación neuronal. Si ya tienes menos neuronas disponibles, cada interferencia cuenta. Lo que para los 30 puede ser una noche de tragos y un poco de sueño pesado, para los 65 puede convertirse en:
Más olvidos al día siguiente
Menos claridad mental
Problemas para procesar información
Dificultad para seguir conversaciones complejas
Mayor riesgo de deterioro cognitivo a largo plazo
Diversas investigaciones señalan que el envejecimiento vuelve al cerebro más susceptible a los efectos tóxicos del alcohol. / Foto: Cortesía Wikimedia Commons
Hay que protegen el cerebro envejecido
Restak también enfatiza que abandonar el alcohol es solo una parte del cuidado integral del cerebro. En el reportaje de Hinsliff, destaca la importancia de las siestas cortas, especialmente cuando se vuelven un complemento para un descanso insuficiente durante la noche. Estas pequeñas pausas ayudan al cerebro a consolidar información y mantener la concentración.
Además, atender problemas de audición y visión es fundamental para evitar el aislamiento. Cuando una persona escucha menos o ve menos, su participación social disminuye, y con ella, la estimulación mental cotidiana. Leer también juega un papel esencial.
Las novelas complejas —como El Conde de Montecristo, que Restak y su esposa leen deliberadamente para ejercitar la memoria de trabajo— fortalecen la capacidad de retener información, seguir tramas y recordar personajes, una gimnasia mental invaluable con el paso de los años. Todo esto se complementa con la socialización constante, un protector natural contra la demencia. Hablar, escuchar, debatir, compartir: esas actividades mantienen al cerebro activo y conectado.
La memoria que queda también necesita cuidado
Uno de los aspectos más sensibles del reportaje de Hinsliff es la afirmación de que, incluso cuando la pérdida de memoria ya está instalada, todavía hay espacio para preservar lo que queda. Restak recuerda el caso de pacientes que no sabían en qué día estaban pero podían jugar una partida de bridge con sorprendente precisión. Son fragmentos de memoria funcional que, si se acompañan bien, pueden ofrecer una mejor calidad de vida.
Por eso recomienda no corregir de manera constante a quienes tienen Alzheimer. Regañar por cada olvido o insistir en fechas y datos solo genera frustración. Lo más saludable es acompañar al paciente desde su realidad, seguir sus intereses y trabajar con lo que sí permanece. La memoria, después de todo, también es identidad: lo que recordamos nos define, y conservar esos fragmentos puede mantener viva una parte esencial de la persona.
Siempre fan de los datos curiosos. En Aderezo.mx está aprendiendo a moldear sus papilas gustativas. Además de comer –y decirte dónde–, también hace recomendaciones de cine y música. Yes, chef!
Aunque pertenecen a la misma familia, el huachinango destaca por su color rojo intenso, carne firme y sabor suave, mientras que otros pargos presentan variaciones en apariencia y gusto
En el Día Mundial del Cerdo, expertos en salud alimentaria describen las bases para tomar en cuenta a la hora de consumir uno de los productos favoritos de los mexicanos
La mirada es el reflejo del alma y aplica perfecto al comprar un producto de mar; la observación será tu mejor herramienta, según nos cuenta un especialista
Tomar café a diario, en cantidades moderadas, podría formar parte de una estrategia preventiva para proteger la salud cerebral, según nueva evidencia científica
La creencia de que la sandía es indigesta o engorda más en la noche no tiene respaldo científico. Expertos explican qué efecto real puede tener en el sueño y la digestión.