Aunque la receta clásica es sencilla, con el tiempo se le han sumado variaciones con bistec o queso, ampliando la experiencia sin perder la esencia que los hace únicos y profundamente zacatecanos.
Tacos de nada
Aunque su nombre sugiera lo contrario, estos tacos están llenos de historia, esfuerzo y una tradición culinaria que ha cruzado generaciones.
Caldo de oso
Los turistas suelen sorprenderse por la combinación de sabores y por el nombre, pero basta un sorbo para entender por qué el caldo de oso es parte del ADN leonés y uno de los antojitos más queridos de la ciudad.
Caldo de piedra
Este platillo representa una técnica milenaria y un profundo respeto por los ingredientes y la tradición, demostrando que incluso los nombres más extraños pueden esconder una historia sagrada.
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Este fruto comestible, valorado en el estado, se cocina asado o en caldillo y su temporada dura solo un año, siendo vendido en mercados a precios accesibles
El Pinot Noir es una de las uvas más exigentes del mundo y en México solo unos pocos productores se atreven a cultivarla por sus retos climáticos y comerciales.
El aumento de la pesca de esta especie forma parte de un proceso más amplio en el que Baja California está revalorando productos marinos que antes se exportaban o se despreciaban
Platillos mexicanos cuyos nombres sorprenden, pero que forman parte de la tradición gastronómica local. / Foto: Héctor Román/ El Sol de Zacatecas
Si alguien te ofreciera un pedo de monja, un taco envenenado o un caldo de oso, lo más probable es que levantaras una ceja, te rieras nerviosamente y preguntaras si todo está bien. En México, la gastronomía convive sin problema con el humor, la picardía y el doble sentido, los nombres de algunos platillos parecen chiste… hasta que los pruebas.
Lejos de ser simples ocurrencias, estas preparaciones forman parte del mapa culinario del país y suelen ser orgullo local. Desde dulces de autor hasta antojitos callejeros y recetas ancestrales, la comida con nombres que suenan a broma también cuenta quiénes somos y cómo comemos.
Algunos antojitos típicos destacan tanto por su nombre como por su historia. / Foto: Miguel Cruz/ Diario de Querétaro
En Querétaro, uno de los souvenirs gastronómicos más buscados por turistas tiene un nombre que provoca carcajadas inmediatas, pedos de monja. Aunque no se trata de un dulce tradicional del estado, con el paso del tiempo se ha convertido en un referente contemporáneo de la región.
Estas pequeñas trufas de chocolate artesanal nacieron hace 17 años en el Palacio del Chocolate, con la intención de crear un dulce de autor que representara al estado y elevara la calidad del chocolate local. Sandra Sedano, fundadora del proyecto, explicó en entrevista para Diario de Querétaro que el producto fue bien recibido desde el inicio y comenzó a recomendarse “de boca en boca”, hasta consolidarse como un favorito entre los queretanos.
El éxito fue tal que pasaron de venderse a granel a comercializarse envasados, llegando incluso a cadenas locales como Súper Q en 2015. Los hay tradicionales, semiamargos y amargos, siempre cubiertos de cacao, y han evolucionado en presentación sin perder su sabor característico. Hoy, además de las trufas, el proyecto incluye bombonería fina, figuras de chocolate, productos sin azúcar y hasta un cheesecake inspirado en este famoso dulce, conocido como Pedo Cake.
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La comida popular también refleja la creatividad y picardía del lenguaje mexicano. / Foto: Héctor Román/ El Sol de Zacatecas
En Zacatecas, el nombre no advierte riesgo real, sino todo lo contrario, los tacos envenenados son una de las joyas más representativas de su gastronomía popular. Dorados o blandos, estos tacos fritos en manteca están rellenos de una mezcla de frijoles, papa y chorizo, una receta antigua que cada taquero presume perfeccionar con ingredientes secretos.
De acuerdo con El Sol de México, este platillo no solo es un alimento cotidiano, sino también parte de la historia del estado, apreciado por su sabor y por ser accesible para todos los bolsillos. Tradicionalmente se acompañan con chile jalapeño toreado, limón y salsa roja, logrando una combinación intensa que se queda en la memoria del paladar.
Detrás de cada nombre curioso hay una receta con raíces profundas. / Foto: Carlos Villalba/ El Sol de Hermosillo
En Hermosillo, Sonora, existe un platillo cuyo nombre parece un juego de palabras, pero cuya fama es muy real, los tacos de nada. Desde hace casi cuatro décadas, doña María Guadalupe prepara estos taquitos rellenos de papa molida, servidos con repollo, queso fresco y bañados en salsas caseras que son el verdadero secreto del éxito.
Decenas de personas han hecho fila para probarlos, incluso enfrentando el clima extremo del norte del país. Cada taco cuesta apenas siete pesos y se pide por orden, de tres hasta diez piezas. Paulo Noriega, nieto de la cocinera, ha explicado que la clave está en las salsas, especialmente la verde, cuya receta familiar provoca que nadie se conforme con solo uno.
Estos platillos se han convertido en símbolos de identidad regional. / Foto: Ricardo Sánchez
En León, Guanajuato, el caldo de oso no tiene nada que ver con animales salvajes ni recetas exóticas. Se trata de un aperitivo callejero elaborado por fruteros, con una mezcla de vinagre de piña, limón, cebolla, chile piquín, chamoy, salsa, queso rallado y fruta picada como pepino, jícama, mango o piña.
Este preparado es tan representativo que muchos aseguran que no conocer León sin probarlo es como no haber estado ahí. Para vendedores como Rito Olmos, frutero del Barrio del Coecillo, este oficio es una tradición familiar que ha pasado de generación en generación.
Sabores auténticos que contrastan con denominaciones inesperadas. / Foto: Julián García
A diferencia de otros platillos, el caldo de piedra no juega con el doble sentido, su nombre describe fielmente su método de preparación. Originario de Oaxaca, este platillo ancestral se elabora con camarones, pescado, jitomate, cebolla, chile, cilantro y epazote, cocidos con piedras de río al rojo vivo dentro de una jícara.
En entrevista para El Sudcaliforniano, Bernarda Hernández Leal, conocida como “Mamá Nalita”, explicó que estas piedras se eligen cuidadosamente porque no explotan ni se fragmentan durante la cocción. El caldo es una muestra viva de la riqueza cultural oaxaqueña, reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco.