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Comida Mexicanamiércoles, 14 de enero de 2026

Los tamales callejeros con más investigación de fondo están en la Balbuena

Hilda Sifuentes es la inventora del tamal del gansito y desde hace más de 20 años realiza un estudio profundo en la creación de tamales exóticos populares

Francisco Charqueño / Aderezo

Hilda no llegó al mundo del tamal por herencia ni por tradición familiar directa, sino por una casualidad que terminó marcando más de tres décadas de trabajo alrededor del maíz.

“Como siempre, los negocios son mera casualidad. De repente me vi envuelta en la realización de tamales en hoja de plátano, rellenos de vegetales, porque me lo solicitó una amiga”, dijo Hilda.

Su historia comenzó cuando una amiga le pidió unos tamales en hoja de plátano rellenos de verduras, una preparación poco común en la Ciudad de México en ese momento. 

“Me dijeron: ‘Pon una tamalería con esta clase de tamales porque en ningún lado venden tamales con verduras’. Lo pensé, lo medité y decidí emprender”, aseguró Sifuentes.

Investigar para cocinar tamales

Esa inquietud la llevó también a la formación académica. Ha cursado diplomados en gastronomía mexicana, cocina internacional y alimentación como hecho histórico, incluso en espacios vinculados a la antropología. 

Todo ese conocimiento se traduce en un menú vivo que hoy reúne alrededor de 40 sabores, muchos de ellos documentados y ligados a regiones específicas del país.

Innovar sin perder el maíz

“Mi sobrina me pidió un tamal relleno de chocolate cremoso, pero era muy caro. Entonces usamos una barrita de chocolate… y funcionó.”

El giro definitivo llegó cuando un cliente probó uno de esos tamales “de prueba” y lanzó la recomendación que cambiaría todo. “Me dijo: ‘Señora, sáquelos a la venta porque le va a encantar a todas las personas’.”

Un taller, no una fábrica de tamales

Detrás de cada tamal hay un proceso artesanal riguroso: masa y salsas preparadas un día antes, ingredientes naturales, porciones generosas y un trabajo colectivo que hoy involucra a 13 personas. 

Es por ello que dice que es una artesanía, “rellenar un tamal con una barra cada vez más pequeña es engañar a mis clientes, y prefiero no hacerlo”.

La producción sigue siendo artesanal: masa y salsas preparadas un día antes, ingredientes naturales y porciones generosas. “Procuramos que todo sea 100% natural. La masa se prepara un día antes para que esté totalmente fría.”

Hilda también ha innovado en el universo del atole, con sabores como cajeta, camote morado, pepita verde, garbanzo, pinole o ciruela, muchos de ellos resultado directo de la investigación histórica y del recuerdo familiar.

El tamal como memoria viva

Dirección: Estacionamiento iglesia san felipe neri, Jardín Balbuena, Venustiano Carranza, 15900 Ciudad de México, CDMX

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